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Viator despide a Manuel, el niño trasplantado de corazón que murió cinco meses después

Viator ha amanecido bajo el peso de una despedida que nadie quería pronunciar. Manuel, conocido por muchos vecinos como Manolillo, ha muerto con dos años después de una vida atravesada por una enfermedad rara que dañó su corazón desde el nacimiento y lo mantuvo durante meses lejos de casa, ingresado en Córdoba.

La noticia ha dejado a este municipio almeriense sumido en el luto. El pequeño se había convertido en una presencia conocida para buena parte del pueblo, que siguió de cerca cada ingreso, cada intervención y cada llamada esperada durante una lucha médica que empezó prácticamente al mismo tiempo que su vida.

La enfermedad que padecía afectaba de forma grave a su corazón. Para ganar tiempo mientras esperaba un órgano compatible, Manuel tuvo que someterse en noviembre de 2025 a una compleja operación en la que le implantaron un corazón artificial, una medida decisiva ante el deterioro de su estado.

Después de meses de espera en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, llegó el momento que la familia llevaba tanto tiempo aguardando. El pasado mayo apareció un donante compatible y Manuel recibió el trasplante urgente que necesitaba para seguir viviendo, en medio de un proceso médico todavía delicado.

El trasplante abrió una etapa de esperanza, pero no puso fin a las complicaciones. El niño continuó bajo vigilancia hospitalaria y afrontó intervenciones y problemas de salud durante los meses posteriores, mientras sus padres permanecían a su lado sin separarse de él en el hospital cordobés.

Cinco meses después de recibir aquel corazón, Manuel ha fallecido. La muerte del niño ha cerrado de golpe una historia que en Viator se vivió como propia: la de una familia desplazada, agotada por la incertidumbre y sostenida por la necesidad de no dejar solo al menor ni un instante.

Su padre dejó su empleo en el sector de la limpieza para acompañar a Manuel y a su madre durante el ingreso. La decisión dejó a la familia sin ingresos estables mientras se acumulaban los gastos de vivir lejos de casa, una situación que llevó a sus allegados a pedir ayuda cuando la enfermedad ya ocupaba cada día.

La respuesta de Viator fue una red de solidaridad. Vecinos, empresas y colectivos impulsaron donativos e iniciativas benéficas para aliviar parte de los costes de aquella estancia prolongada en Córdoba, una movilización que convirtió el caso de Manuel en una preocupación compartida más allá de su familia.

Entre esas acciones hubo una carrera solidaria en bicicleta que recorrió localidades de la provincia. No era solo una recaudación: era la forma en que muchas personas intentaron acompañar a un niño al que apenas conocían en persona, pero cuya lucha se había instalado en la conversación cotidiana del pueblo.

El alcalde de Viator, Manuel Jesús Flores, comunicó públicamente la muerte con un mensaje de duelo dirigido a la familia y a los vecinos. En su despedida recordó la fortaleza del niño y el esfuerzo de unos padres que permanecieron junto a él durante todo el proceso hospitalario, sin descanso y sin rendirse.

La dimensión del golpe está también en el tiempo: Manuel pasó sus dos años de vida entre hospitales, cuidados intensivos y operaciones. La llegada del trasplante había sido recibida como una oportunidad para empezar otra etapa, pero la evolución posterior volvió a colocar a la familia ante una situación médica extremadamente frágil.

No se han difundido más detalles clínicos sobre las circunstancias concretas de su fallecimiento. Lo confirmado es que el niño murió después de meses de tratamiento y cinco meses tras la operación de trasplante, una secuencia que ha dejado consternados a quienes habían seguido su historia desde Almería y Córdoba.

La despedida de Manolillo no borra la huella de la ayuda que despertó su caso. En Viator queda el recuerdo de una familia que tuvo que reorganizar su vida alrededor de una habitación de hospital y de un niño cuya resistencia movilizó a personas que quisieron sostenerlos cuando la enfermedad parecía no dar tregua.

Ahora el municipio acompaña a sus padres en un duelo imposible de medir. La historia de Manuel termina en el silencio de esa pérdida, pero también en la memoria de un pueblo que siguió su espera, celebró la llegada de un corazón compatible y hoy despide a un pequeño vecino al que nunca dejó de considerar suyo.

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