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Asturias: una mujer muere en el embalse de Valdemurio tras bañarse después del eclipse

La tarde había terminado con el cielo convertido en espectáculo y con decenas de personas buscando un último rincón desde el que alargar la noche del eclipse. En el embalse de Valdemurio, en Quirós, ese ambiente acabó roto por una escena seca y brutal: una mujer de 52 años desapareció bajo el agua y ya no volvió a salir.

La víctima, vecina de Trubia, había acudido a la zona junto a su pareja para contemplar el fenómeno y pasar allí parte de la jornada. Después del eclipse, ambos permanecieron cerca del pantalán de canoas y siguieron en el entorno del embalse, un lugar que durante el verano reúne a bañistas, paseantes y visitantes atraídos por el paisaje.

En ese tramo final del día, la mujer decidió meterse en el agua para darse un baño. El relato trasladado después a los agentes sitúa ese instante como el punto de quiebre: se sumergió por completo y, en lugar de emerger de nuevo, desapareció de la vista de la persona que la acompañaba, que se lanzó a buscarla sin éxito inmediato.

La llamada de emergencia movilizó a los servicios de rescate avanzada ya la noche. El aviso entró al 112 Asturias a las 22:16 horas y activó un dispositivo en el que participaron Bomberos del SEPA, patrullas de la Guardia Civil y unidades especializadas que se desplazaron con urgencia hasta el entorno del embalse para tratar de localizarla cuanto antes.

La búsqueda no se limitó a una patrulla ni a una simple inspección desde la orilla. En el operativo intervinieron efectivos del parque de Proaza, el Grupo de Rescate, una unidad canina, drones y personal de coordinación de zona, mientras el embalse quedaba convertido en un escenario de rastreo contrarreloj en plena oscuridad.

La Guardia Civil pidió además la intervención del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas, clave cuando una desaparición apunta al fondo del agua. Los especialistas comenzaron las inmersiones de madrugada, después de que el dispositivo desplegado en superficie acotara la zona de búsqueda y tratara de reconstruir con precisión el punto en el que la mujer fue vista por última vez.

Uno de los momentos decisivos llegó cuando los recursos sobre el terreno lograron estrechar la localización probable. A la 01:33 horas se realizó una de las primeras inmersiones directas en el área señalada y, apenas unos minutos después, el operativo confirmó el peor desenlace: el cuerpo había sido hallado dentro del embalse, sin margen ya para ningún rescate con vida.

La recuperación del cadáver se completó alrededor de la 01:51 horas, según la secuencia temporal difundida sobre la intervención. A partir de ese momento comenzó la retirada progresiva de parte del dispositivo, mientras quedaban activadas las actuaciones ligadas al levantamiento del cuerpo y a la reconstrucción exacta de lo ocurrido durante las horas previas a la desaparición.

La persona que acompañaba a la víctima tuvo que ser atendida en el lugar por el impacto de lo sucedido. También se movilizó un equipo de respuesta psicosocial para asistirla en mitad de una escena marcada por el shock, la confusión y el peso inmediato de una muerte repentina ocurrida en un entorno que, solo unas horas antes, había sido elegido para disfrutar de una jornada singular.

Los datos conocidos hasta ahora sitúan la secuencia en un gesto aparentemente simple y cotidiano, pero desarrollado en un entorno que puede volverse letal en segundos. Un embalse no responde como una piscina ni como una playa urbana: la profundidad irregular, la temperatura del agua y la escasa visibilidad multiplican el riesgo cuando cae la noche y se pierde la referencia exacta del fondo.

Quirós amaneció así con una tragedia pegada al nombre de Valdemurio, un enclave asociado a ocio y naturaleza que quedó atravesado por la muerte durante la madrugada. La víctima tenía 52 años y residía en Trubia, un dato que dio dimensión concreta a un suceso que, por su crudeza, se propagó con rapidez por Asturias durante las primeras horas del día.

El caso no apunta por ahora a un episodio complejo de violencia ni a una desaparición prolongada, sino a una emergencia súbita ocurrida durante un baño. Aun así, las diligencias se mantienen para fijar con exactitud la cronología, verificar cada paso de la intervención y dejar documentadas las circunstancias en las que la mujer se introdujo en el agua y desapareció bajo la superficie.

La coincidencia con la noche del eclipse añadió un contraste difícil de ignorar. Mientras miles de personas cerraban una jornada excepcional con imágenes del cielo, en Valdemurio todo derivó hacia una operación de búsqueda sobre agua negra, focos, inmersiones y silencio tenso en la orilla, hasta que el dispositivo terminó confirmando que ya no había posibilidad de revertir el final.

Lo que empezó como una salida compartida para contemplar un fenómeno poco común terminó convertido en una muerte repentina en mitad de un embalse. Ese giro brutal, sin transición y sin tiempo para reaccionar, es lo que deja esta noticia: una noche marcada primero por la expectación y después por el hallazgo del cuerpo de una mujer que no consiguió volver a la superficie.

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