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Mar del Plata: el video que expuso el horror de un cuidador contra dos jubiladas en un geriátrico

La escena salió de un cuarto cerrado y cayó como un mazazo sobre Mar del Plata. Un cuidador de un geriátrico quedó filmado mientras insultaba, amenazaba y manipulaba con brutalidad a dos mujeres mayores alojadas en la residencia.

El episodio ocurrió en el centro de adultos mayores David, ubicado sobre Rivadavia al 4000, donde las cámaras de seguridad registraron una secuencia que ahora forma parte de una causa judicial. En una de esas imágenes se ve al trabajador mientras prepara a una residente para acostarla con una violencia que desborda cualquier límite de cuidado.

La víctima rompe en llanto y apenas alcanza a preguntar qué hizo para recibir ese trato. Del otro lado aparece la voz del agresor, identificado como Nicolás Gastón Cichero, descargando insultos y amenazas de una crueldad feroz contra una mujer que no podía defenderse.

Las filmaciones también muestran otro momento todavía más perturbador. En plena asistencia, el hombre le coloca una prenda sobre la cabeza durante algunos segundos y la manipula con brusquedad, como si la persona a su cargo hubiera dejado de ser una paciente para convertirse en un blanco de descarga.

No fue el único hecho detectado dentro del geriátrico. Según la denuncia de los responsables del lugar, minutos antes el mismo trabajador había golpeado con una cuchara a otra residente durante una comida, un ataque que le provocó un corte superficial en el labio y que también quedó registrado.

La gravedad del caso no quedó solo en el impacto de las imágenes. Las autoridades del establecimiento revisaron el material, despidieron al empleado al día siguiente y llevaron la denuncia a la Seccional Primera de Mar del Plata para activar la intervención judicial.

En el primer tramo de la causa, el expediente fue caratulado como lesiones leves y la fiscalía intentó ubicar al sospechoso en su domicilio sin éxito inmediato. Esa etapa inicial abrió una pregunta inquietante: si lo captado por las cámaras era apenas una parte de lo que ocurría dentro de la residencia.

Con el avance de las horas, la investigación empezó a endurecerse. Fuentes judiciales informaron después que Cichero fue imputado por lesiones graves agravadas por violencia de género, coacción y amenazas, una calificación mucho más pesada que refleja la dimensión que tomó el caso.

Durante una audiencia posterior, el acusado se negó a declarar ante la fiscalía y solo hizo una manifestación breve para rechazar una de las acusaciones. Ese silencio no frenó la causa, que ya estaba apoyada en videos, denuncias internas y peritajes médicos sobre las lesiones sufridas por las residentes.

Otra derivación oscura apareció cuando se incorporó una presunta intimidación contra una excompañera del geriátrico que había denunciado los hechos. Esa línea agregó una capa de presión sobre el expediente y reforzó la hipótesis de que el acusado intentó contener el daño cuando el horror ya había quedado expuesto.

El caso sacudió a vecinos y familiares porque golpea en el punto más indefenso de cualquier sociedad: el cuidado de los adultos mayores. Las mujeres atacadas no estaban en la calle ni en una situación de riesgo abierto, sino dentro de un lugar destinado precisamente a protegerlas.

La ubicación del hogar, la mecánica de los ataques y la identidad del acusado quedaron fijadas por varias fuentes coincidentes. También coincide el núcleo del hecho: agresiones físicas y verbales contra dos jubiladas, descubiertas gracias a las cámaras internas de la residencia.

Ahora los investigadores buscan determinar si hubo otros episodios de violencia dentro del geriátrico y si las agresiones registradas responden a una conducta aislada o a una práctica repetida. Esa respuesta será decisiva para medir la profundidad real del daño y las eventuales responsabilidades adicionales.

Lo que ya no puede discutirse es el peso de las imágenes. En Mar del Plata, el caso dejó al descubierto cómo un espacio pensado para el cuidado puede convertirse en una trampa de humillación cuando la violencia entra por la puerta de quien debía asistir, y no de quien venía a hacer daño.

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