Pedro Sánchez aprieta a la UE por Ceuta y denuncia como ilegal la reacción de Italia
Pedro Sánchez elevó este sábado la crisis de Ceuta al máximo nivel político europeo con una carta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que pidió una respuesta inmediata y coordinada de la Unión.
El jefe del Ejecutivo trasladó su seria preocupación por la reacción de algunos gobiernos comunitarios tras la entrada masiva de migrantes en la ciudad autónoma, un episodio que volvió a convertir la frontera sur en un punto de fractura continental.
En ese escrito, Sánchez denunció que parte de la respuesta europea ha sido asimétrica y hostil hacia España, hasta el punto de plantear medidas de cierre y exclusión que, a su juicio, chocan con el derecho europeo y con la lógica política de una frontera compartida.
La referencia más dura fue para Italia, después de que la primera ministra Giorgia Meloni anunciara el cierre de fronteras con España en pleno choque por Ceuta, una decisión que Moncloa considera egoísta, polarizadora e ilegal.
El presidente defendió que la inmensa mayoría de quienes cruzaron de forma irregular ya han sido retornados en menos de 48 horas, y subrayó que ninguna de esas personas ha salido de Ceuta hacia la Península.
Ese punto es central en la ofensiva diplomática del Gobierno, porque España insiste en que la integridad del espacio Schengen no ha quedado comprometida y que los controles desplegados en la ciudad siguen bloqueando cualquier salida no autorizada.
Sánchez recordó además que Ceuta no forma parte del espacio Schengen, un matiz jurídico clave con el que intenta desmontar la narrativa de quienes han usado la crisis para justificar un castigo político contra España.
En la carta también reivindicó la política migratoria aplicada por su Ejecutivo en los últimos años, con el argumento de que ha reducido de forma drástica las llegadas irregulares y ha mantenido a España como una de las fronteras exteriores más controladas de la Unión.
Como contraste, señaló que las entradas irregulares por la frontera sur española durante el último lustro han sido aproximadamente la mitad de las registradas en Italia, una comparación con la que buscó desarmar el discurso lanzado desde Roma.
Con ese telón de fondo, el presidente pidió a la presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea que convoque de urgencia una videoconferencia extraordinaria de ministros del Interior para fijar una respuesta común ante crisis de este tipo.
La exigencia no fue solo técnica ni protocolaria: también fue una llamada directa a que Bruselas ejerza liderazgo antes de que el miedo, la presión interna y los cálculos electorales de algunos socios conviertan una emergencia fronteriza en una guerra política dentro de la Unión.
El Gobierno español sostiene que la situación en Ceuta se ha reconducido en coordinación con las autoridades marroquíes, una colaboración que considera decisiva para frenar nuevas entradas y restaurar el control tras los momentos más críticos.
Aun así, la crisis dejó una imagen de extrema fragilidad en la frontera y abrió un pulso diplomático de alto voltaje, porque la disputa ya no gira solo en torno a la presión migratoria, sino al reparto de responsabilidades entre Estados miembros.
La carta de Sánchez busca cerrar ese frente con una advertencia severa: si Europa responde a golpes de improvisación, cierres unilaterales y reproches cruzados, Ceuta puede quedar como el punto donde la solidaridad comunitaria empezó a resquebrajarse.






