Ana Vázquez, expulsada del Congreso tras exhibir un espray de gas pimienta

El pleno del Congreso se detuvo de golpe cuando un objeto pequeño alteró el curso de la sesión de control al Gobierno. Ana Belén Vázquez, diputada del PP, levantó un bote de gas pimienta durante su intervención y la imagen dejó de ser un gesto retórico para convertirse en el centro de una bronca parlamentaria.
La diputada dirigía su pregunta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y vinculó el objeto con la inseguridad que denunció en Ceuta. Su intención era ilustrar la situación que atribuye a mujeres y niños de la ciudad, pero aquel bote acabó situando el debate en las normas que rigen dentro del hemiciclo.
La presidenta del Congreso, Francina Armengol, no interrumpió de inmediato la intervención. La sesión siguió con la siguiente pregunta y fue después de la réplica del ministro cuando la Presidencia tomó la palabra para pedir a Vázquez que abandonara el salón de plenos y dejara el objeto fuera.
Armengol sostuvo que el espray debía ser tratado como un arma dentro de la Cámara y apeló al artículo 101 del Reglamento del Congreso. La orden fue clara: salir del hemiciclo y depositar aquello que había enseñado, porque su exhibición no podía normalizarse en la sede de la soberanía popular.
La decisión provocó una reacción inmediata en la bancada popular. Vázquez recibió dos llamadas al orden antes de abandonar el pleno, mientras buena parte de los diputados del PP la aplaudía. Alberto Núñez Feijóo permaneció sentado en su escaño durante la salida de la parlamentaria.
El choque no giró solo sobre la expulsión, sino sobre la naturaleza legal del bote. El Reglamento de Armas prohíbe la tenencia y el uso de espráis de defensa personal y de dispositivos que proyecten gases o aerosoles, salvo para personal expresamente habilitado en los supuestos previstos.
Vázquez rechazó esa interpretación al salir del hemiciclo. Defendió que el recipiente era de treinta mililitros, que estaba vacío y que no requiere licencia para su venta. También anunció que recurrirá la sanción, convencida de que la Presidencia aplicó de forma errónea las normas sobre armas.
Su argumento mantuvo el foco en Ceuta. La diputada insistió en que el espray representaba una realidad de miedo que, a su juicio, viven mujeres y menores tras la crisis migratoria. La escena trasladó a un objeto la disputa política sobre seguridad, fronteras y responsabilidades del Ejecutivo.
Para la Presidencia, en cambio, el límite estaba en el recinto parlamentario y no en el discurso que pretendía acompañar. La advertencia subrayó que los representantes públicos no pueden hacer dentro de la Cámara aquello que se impediría a cualquier otra persona, incluso cuando el objeto se use como símbolo.
El episodio no terminó con la salida de Vázquez. Poco después se precintaron zonas del Congreso tras detectarse el uso de un espray similar en dependencias de la Cámara. Hubo personas atendidas por molestias y se revisaron las cámaras de seguridad para aclarar el origen de lo ocurrido.
Ese segundo incidente añadió confusión a una mañana ya cargada de tensión, aunque no se atribuyó públicamente a la diputada. Vázquez había afirmado que su bote estaba vacío y que lo había descargado fuera del Congreso. La investigación interna quedó abierta mientras el edificio registraba quejas por el olor.
La expulsión exhibió una frontera delicada entre la protesta política y las reglas de seguridad de una institución. El espray fue presentado por Vázquez como una prueba visual de su denuncia y por Armengol como un objeto incompatible con el hemiciclo, dos lecturas enfrentadas en cuestión de minutos.
El pleno siguió adelante, pero la discusión continuó en los pasillos y en las reacciones de los grupos. El PP calificó la medida de desproporcionada y la Presidencia defendió el cumplimiento del reglamento. La disputa dejó una escena inusual: un debate sobre Ceuta convertido en una expulsión formal.
Al final, el bote de gas pimienta pesó más que la pregunta que lo había llevado al pleno. La Cámara deberá convivir con el recurso anunciado por la diputada y con las pesquisas sobre el espray detectado después. Lo que comenzó como un gesto de denuncia acabó revelando hasta dónde llega la tensión política dentro del Congreso.






