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Cabrera d’Anoia: madre e hija ingresan en salud mental tras el hallazgo del cadáver

La historia que sacudió a Cabrera d’Anoia ha entrado en una fase distinta. La mujer de 59 años y su hija de 21, que residían en la vivienda donde fue localizado el cadáver de un familiar, han sido ingresadas en un centro de salud mental de Martorell para recibir atención y observación.

El traslado llegó después de los días de intervención que siguieron al hallazgo. Ambas fueron acompañadas a la casa para recoger lo imprescindible antes de ser llevadas a la institución sanitaria, donde se evaluará su estado y se decidirán los pasos asistenciales que correspondan.

Dentro de aquella vivienda fue encontrado el cuerpo de un hombre de edad avanzada, médico vinculado a la homeopatía y propietario del inmueble. El cadáver estaba en un avanzado estado de descomposición y permanecía cubierto en una estancia de la casa cuando los agentes lograron acceder.

La investigación se activó tras las alertas de vecinos, inquietos por la acumulación de suciedad en el exterior, la presencia de ratas y el abandono visible del entorno. También había llamado la atención la ausencia prolongada de actividad del hombre, que llevaba tiempo sin acudir a sus consultas habituales.

Los primeros intentos de contacto no resolvieron la situación. Las llamadas telefónicas se cortaban y la puerta permanecía cerrada, de modo que los Mossos regresaron con apoyo operativo y terminaron entrando en el domicilio para comprobar qué ocurría tras tantos avisos acumulados.

Una vez dentro, los agentes se encontraron una casa marcada por la basura y el deterioro. El cuerpo apareció sentado en una butaca o sofá, tapado con una manta, en un escenario que obligó a iniciar diligencias para aclarar cuánto tiempo llevaba fallecido y en qué circunstancias se produjo la muerte.

No se comunicaron indicios aparentes de violencia en la primera inspección, aunque el mal estado del cadáver condiciona la posibilidad de obtener conclusiones definitivas. La causa de la muerte queda pendiente de las comprobaciones forenses, sin que se haya anunciado por ahora una atribución penal contra las dos mujeres.

El relato recogido durante la intervención sitúa el aislamiento de madre e hija desde la pandemia. Apenas salían de la vivienda y, cuando recibían compras a domicilio, esperaban a que cayera la noche para recoger las bolsas que quedaban ante la puerta, lejos de la mirada del vecindario.

La situación de la joven también había despertado preocupación en años anteriores por problemas relacionados con su escolarización. Ese antecedente, unido al prolongado encierro y al estado de la casa, forma parte del contexto que rodea un caso cuya dimensión humana ha quedado expuesta tras la entrada policial.

El ingreso en Martorell no es una resolución del caso, sino una medida de atención mientras se analiza el estado de ambas. La prioridad inmediata es determinar qué apoyo necesitan, mientras la investigación mantiene abiertos los extremos necesarios sobre el fallecimiento y el tiempo transcurrido en la vivienda.

La casa de la urbanización Can Ros ha quedado precintada. La medida se adoptó después de que se detectaran intentos de entrada ilegal en el inmueble, un riesgo añadido en un lugar que conserva interés para las diligencias y que se ha convertido en el centro físico de una historia difícil de asimilar.

El hallazgo no surgió de un único aviso, sino de una inquietud vecinal que fue creciendo con el paso de las semanas. La falta de respuesta, el deterioro exterior y la ausencia del médico terminaron dibujando una señal de alarma que llevó al Ayuntamiento a poner los hechos en conocimiento de la policía.

La atención sanitaria de madre e hija añade ahora un capítulo delicado a un suceso que no admite simplificaciones. La investigación deberá separar los datos comprobables de las hipótesis y aclarar las circunstancias de la muerte, mientras los profesionales valoran la situación personal de las dos residentes.

Cabrera d’Anoia queda ante el eco de una vivienda cerrada durante años y de una intervención que reveló una realidad extrema. Con el inmueble protegido y las dos mujeres bajo atención especializada, el caso continúa abierto a la espera de las respuestas forenses y asistenciales que aún faltan.

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