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A Illa convierte un edificio decomisado a Marcial Dorado en 15 viviendas públicas

En A Illa de Arousa, un edificio que permanecía ligado al patrimonio decomisado a Marcial Dorado ha dejado de mirar hacia una subasta. El Ayuntamiento ha iniciado su compra para transformar sus quince viviendas en un recurso público, en un municipio donde encontrar una casa se ha vuelto cada vez más difícil.

El inmueble está situado en la zona de O Xufre y se encontraba incluido en una puja prevista para noviembre. La decisión municipal ha cambiado ese recorrido: el lote ha sido retirado de la subasta y la operación seguirá mediante una venta directa al consistorio de la localidad pontevedresa.

La compra ronda los 1,34 millones de euros y contempla un pago aplazado a diez años. La primera anualidad está prevista para 2027, un calendario que permite asumir una adquisición de gran peso para un ayuntamiento pequeño sin renunciar al destino social anunciado para el edificio.

No se trata de un bloque terminado por completo. La construcción, de bajo y dos plantas, está avanzada, pero aún requiere culminar trabajos antes de que sus futuros hogares puedan abrirse. Esa condición añade una etapa decisiva: convertir un inmueble intervenido en viviendas habitables y accesibles.

El proyecto parte de quince pisos, aunque el edificio incorpora dos grandes bajos comerciales. El gobierno local contempla que también puedan reconvertirse en viviendas, una posibilidad que elevaría la capacidad pública de un municipio insular marcado por la presión del mercado residencial y la escasez de oferta.

La operación no borra el origen del inmueble, pero cambia el sentido de su historia. Un bien decomisado tras una condena por narcotráfico queda encaminado a servir como techo para vecinos con dificultades de acceso, jóvenes que quieren quedarse y familias que buscan una alternativa estable.

El alcalde, Luis Arosa, ha defendido la compra como una forma de devolver utilidad colectiva a un patrimonio que estuvo asociado al dinero ilícito. Su mensaje sitúa la vivienda en el centro de la decisión: cada piso disponible puede ser la diferencia entre permanecer en Arousa o verse obligado a marcharse.

La vivienda se ha convertido en una preocupación concreta para quienes viven y trabajan en la isla. La condición insular, la demanda turística y el encarecimiento del alquiler estrechan las opciones de muchas personas, por lo que quince pisos no resuelven toda la crisis, pero abren una vía inmediata y tangible.

El acuerdo con el Plan Nacional sobre Drogas evita que el edificio siga el camino de una venta al mejor postor. En su lugar, el patrimonio decomisado se incorpora a una estrategia municipal que busca ampliar el parque público sin consumir nuevo suelo y aprovechar una construcción ya iniciada.

No es la primera vez que A Illa de Arousa dirige propiedades vinculadas a Dorado hacia fines públicos. A finales de 2024, el Ayuntamiento formalizó la adquisición de otros terrenos que prevé destinar a setenta viviendas sociales, un pabellón de deportes náuticos y un parque para el vecindario.

La nueva compra amplía esa línea de intervención. El municipio suma un edificio con viviendas ya definidas a los terrenos adquiridos en años recientes, con la intención de responder a una necesidad habitacional que no cabe en un solo proyecto y exige soluciones sostenidas, suelo disponible y financiación pública.

El valor simbólico de la iniciativa también pesa. El mismo patrimonio que procedía de una actividad criminal pasa a asociarse con hogares, arraigo y una respuesta municipal ante la dificultad de vivir en la isla. El cambio no es automático: deberá completarse la obra y concretarse el acceso a los pisos.

Todavía quedan por delante la formalización de la compra, el desarrollo de las obras pendientes y la definición del uso de cada vivienda. Esos pasos determinarán cuándo podrán entrar las primeras familias y bajo qué condiciones, pero la retirada de la subasta ya fija una dirección distinta para el edificio.

A Illa de Arousa convierte así una operación patrimonial en una decisión sobre su futuro cotidiano. Quince puertas, y quizá más si los bajos se adaptan, se separan del rastro del narcotráfico para quedar vinculadas a una promesa más simple y urgente: que vivir en la isla no sea un lujo imposible.

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