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Accidente de trenes en Urda: las hipótesis sobre el fallo humano y la señalización

El choque de un AVE de Renfe y un tren de Iryo en Urda, Toledo, ha abierto una pregunta que atraviesa la tragedia: cómo pudieron alcanzarse dos convoyes en la misma vía. Este miércoles 28 de octubre, las primeras explicaciones sobre sus causas siguen siendo provisionales.

El siniestro ocurrió por la mañana en la línea Madrid-Sevilla. Adif situó el punto del accidente entre Mora y Orgaz y Urda, en el kilómetro 118. Los primeros indicios trasladados por Transportes apuntaban a un alcance del AVE contra la parte trasera del Iryo.

Dos vagones del Iryo descarrilaron tras el impacto. Hasta el lugar se desplazó personal de Adif y de Renfe. La posición de los trenes, que circulaban en el mismo sentido, centra las preguntas sobre las barreras que debían impedir que uno llegara hasta el otro.

José María Goicolea Ruigómez, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, ha planteado una posible combinación de avería de la protección automática y error humano. Su explicación es una hipótesis técnica: el propio ingeniero reconoce que carece de confirmación.

El experto describe una protección automática destinada a frenar el tren ante la presencia de otro convoy o de un obstáculo. Esa intervención, explica, no depende exclusivamente de que el maquinista advierta el peligro y consiga detener la marcha por su cuenta.

Goicolea identifica esa protección con el sistema LZB y se pregunta si pudo estar fuera de servicio. El escenario que propone incluye una circulación bajo ASFA y una mayor dependencia de la actuación humana. No asegura que esa fuera la situación real de los trenes.

La diferencia es decisiva para interpretar sus palabras: está intentando explicar cómo podría producirse una colisión de estas características, sin aportar una comprobación de la avería. También ha insistido en que no sería normal que fallara la protección automática.

Entre las versiones preliminares figura además una posible autorización errónea desde el centro de control de Atocha tras una incidencia de señalización. Esa línea de explicación sitúa la atención en las órdenes de circulación, pero tampoco establece por sí sola una responsabilidad.

Adif analiza sus sistemas y la secuencia de los hechos. En esta fase, la causa no está determinada: la posible avería, las condiciones de circulación y las actuaciones anteriores al choque forman parte de las incógnitas que todavía deben esclarecerse.

La portavoz del Gobierno de Castilla-La Mancha, Esther Padilla, también ha expresado que se desconocía el motivo del accidente. Apuntó que uno de los trenes podía estar parado, aunque advirtió de que ese extremo tampoco podía confirmarse en aquel momento.

Goicolea ha recordado el accidente de Angrois para explicar la importancia de la protección automática y de la intervención del conductor. La comparación ilustra el razonamiento del ingeniero; no demuestra que Urda reproduzca las circunstancias de aquel siniestro.

José Trigueros, presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil, ha cuestionado los protocolos y el mantenimiento. Sostiene que, si un error humano basta para provocar un choque así, el protocolo debe ser examinado.

Trigueros ha dirigido además sus críticas contra el ministro de Transportes, Óscar Puente. Son acusaciones formuladas por el presidente de una asociación profesional, mientras la explicación del accidente permanece abierta; no constituyen una conclusión de la investigación.

Las hipótesis apuntan a la señalización, a las órdenes y a la intervención humana, pero todavía falta establecer qué ocurrió en cada paso. El choque está acreditado. El fallo concreto que permitió que un tren alcanzara al otro sigue pendiente de una explicación confirmada.

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