Álvaro, el médico que siguió tras 24 horas de guardia para atender a los heridos de Urda

Álvaro Thomas Balaguer llevaba 24 horas trabajando cuando la tragedia de Urda alcanzó las Urgencias del Hospital Universitario de Toledo. Su guardia terminaba, pero decidió quedarse para atender a los heridos del accidente ferroviario del miércoles 28 de octubre.
No fue una decisión solitaria. Otros compañeros que salían de turno también prolongaron su jornada ante la llegada de las víctimas. Álvaro recuerda que continuaron con disposición para ayudar, aunque sentían miedo y una adrenalina muy alta.
Antes de conocer el alcance de lo ocurrido, el hospital ya empezaba a prepararse. Rafa Rubio Díaz, médico de urgencias, relata que en los primeros minutos aún no sabían qué estaba pasando y, pese a ello, comenzaron a liberar espacio para los pacientes.
La respuesta reunió a trabajadores que acababan su guardia, profesionales de vacaciones, residentes y estudiantes de Medicina. También acudió personal desde Madrid. Traumatología, Cirugía, Radiología y el banco de sangre se activaron para recibir a los afectados.
Para los casos más graves se organizaron cuatro equipos con especialistas de distintas áreas, enfermería y auxiliares. A ese dispositivo se añadieron seis puntos de atención rápida. La preparación debía permitir atender lesiones que requerían varias especialidades.
El hospital recibió el miércoles a 41 heridos. El viernes 30 de octubre permanecían ingresados 21, ocho de ellos en la UCI. Aquellas cifras daban continuidad a la emergencia: después de la primera atención, seguían los cuidados a los supervivientes.
Fuera del hospital, la asistencia había empezado junto a los trenes. Ambulancias, bomberos, Guardia Civil, Protección Civil y Cruz Roja formaron parte de la respuesta. Los primeros profesionales describen la dureza de lo que encontraron mientras auxiliaban a las víctimas.
Jesús Rodríguez, coordinador de Cruz Roja en Castilla-La Mancha, explica que sus ambulancias colaboraron en las evacuaciones desde que conocieron el accidente. Describe una entrega en la que la urgencia de ayudar puede hacer que uno olvide comer o descansar.
En el hospital, la espera de las familias también llegaba a través del teléfono. Álvaro recibió mensajes de familiares y amigos de pasajeros que intentaban averiguar si sus seres queridos habían sido trasladados a Toledo, todavía sin noticias sobre su paradero.
Los mensajes añadían otra dimensión a la asistencia: junto a los heridos estaban quienes trataban de encontrarlos. Álvaro recuerda esas peticiones de información como uno de los momentos más duros, mientras el equipo seguía trabajando en Urgencias.
La psicóloga de emergencias Teresa Martín señala la dificultad de expresar lo que se siente mientras se lleva el uniforme y se responde a una catástrofe. Los testimonios recogidos tras el accidente muestran que la contención durante el trabajo no elimina su impacto.
Un guardia civil que estuvo en Urda cuenta que el derrumbe emocional llegó al volver a casa, cuando empezó a pensar en las personas que había visto. Llanos Olivares, portavoz de la Guardia Civil, recuerda que los profesionales también son humanos y que lo vivido les afecta.
Álvaro describe otro momento difícil después de la asistencia: revisar mentalmente las decisiones y preguntarse si algo podía haberse hecho mejor. Esther López, psicóloga de SAMUR-Protección Civil, defiende expresar las emociones para evitar que queden encerradas.
Rafa Rubio reconoce que seguirá pensando en los pacientes y en su evolución, y que tendrán que ir gestionando lo ocurrido con el paso de los días. Cuarenta y ocho horas después del choque, el relato de los sanitarios seguía unido a quienes aún permanecían bajo sus cuidados.






