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Marta Shahbazi, la científica de Cambridge desaparecida en el accidente de Urda

Marta Shahbazi Alonso viajaba hacia Huelva para recibir un premio a la excelencia científica. El 30 de octubre, su familia seguía sin localizarla tras el accidente ferroviario de Urda, en Toledo. La investigadora leonesa tiene 41 años y es madre de dos niños de tres y siete años.

El reconocimiento debía entregarse en el congreso de la Sociedad Española de Biología del Desarrollo. Su trabajo sobre las primeras etapas del desarrollo humano la llevaba a ese encuentro profesional; la colisión interrumpió el trayecto antes de que pudiera recoger el galardón.

Marta ocupaba una plaza en el vagón 8 del tren de Renfe implicado en el siniestro. Sus padres la habían acompañado hasta la estación de Atocha. Después del accidente se desplazaron al lugar para buscarla entre los pasajeros que salían heridos y las personas que estaban siendo trasladadas.

La búsqueda no les permitió encontrarla. Su hermano Carlos relató que la familia no había conseguido localizarla en medio del movimiento de heridos y evacuaciones. La ausencia de noticias sobre su paradero seguía marcando la espera de sus allegados.

Los familiares facilitaron muestras de ADN a la Guardia Civil para ayudar en las tareas de identificación. Esa entrega formaba parte de las gestiones para localizar a Marta; la información disponible seguía describiéndola como desaparecida, sin confirmar qué le había ocurrido.

Carlos Shahbazi también difundió un comunicado en el que recordó el carácter cariñoso y alegre de su hermana y su dedicación al trabajo. Su testimonio unía la angustia por la desaparición con una dura crítica a la actuación del Gobierno y de las instituciones públicas.

La trayectoria de Marta comenzó en la Universidad Autónoma de Madrid. Allí cursó Biología y un máster en Biomedicina Molecular, con el mejor expediente de su promoción. Después realizó su doctorado en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.

En aquella etapa doctoral estudió los mecanismos que preservan la forma y la integridad de las células madre epidérmicas. Su investigación se centraba en procesos básicos de organización celular, antes de que su carrera la llevara a estudiar la formación del embrión.

El siguiente paso fue una estancia posdoctoral en la Universidad de Cambridge para investigar la morfogénesis durante la implantación embrionaria. En ese periodo desarrolló un sistema para estudiar embriones humanos en condiciones de laboratorio más allá de la implantación.

Desde 2020 dirige su propio grupo en el Laboratorio de Biología Molecular del Medical Research Council, en Cambridge. Su equipo estudia cuestiones fundamentales de la embriología humana, un campo en el que los avances experimentales tienen implicaciones éticas y clínicas.

Una de sus líneas de trabajo busca entender cómo se coordinan los cambios de forma de los tejidos y las decisiones sobre el destino de las células durante la implantación. El objetivo es acceder a etapas del desarrollo que resultan especialmente difíciles de estudiar directamente.

Su actividad también se ha extendido fuera del laboratorio: ha participado en debates británicos sobre la regulación de la investigación con embriones humanos. Además, ha colaborado con clínicas de fecundación in vitro y empresas biotecnológicas, junto a su labor de divulgación.

Entre sus reconocimientos figura el Premio 3Rs de 2019, ligado a una investigación con potencial para sustituir y reducir el uso de ratones en biología del desarrollo. También recibió el Suffrage Science Award, respaldado por el Laboratorio de Ciencias Médicas del MRC.

El viaje a Huelva debía sumar un nuevo reconocimiento a esa carrera. Al cierre de las informaciones del 30 de octubre, la familia continuaba sin una respuesta sobre su paradero. Marta seguía desaparecida: el premio que iba a recoger había quedado desplazado por la urgencia de encontrarla.

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