Los controladores responden a Óscar Puente: saturación y presión tras el accidente de Urda

La discusión sobre lo ocurrido en Urda ha llegado a los puestos desde los que se dirige el tráfico ferroviario. Este 30 de octubre, los representantes de los trabajadores han respondido a Óscar Puente con una advertencia sobre la saturación en los centros de control.

El ministro de Transportes sostiene que el centro de Atocha funcionaba con normalidad cuando se produjo el choque del miércoles. Ha señalado que había 16 controladores en la sala y ha rechazado que el servicio estuviera infradotado.

Miguel Montenegro, portavoz de CGT Adif Andalucía, ha replicado que basta un periodo breve de trabajo para alcanzar una gran saturación si faltan trabajadores y la actividad es elevada. Su respuesta cuestiona que el tiempo transcurrido en el puesto permita descartar la sobrecarga.

La advertencia llega sobre una red de alta velocidad que mueve 365 trenes diarios, más del doble que antes de la liberalización, y transporta a más de 44,5 millones de pasajeros al año. Ese crecimiento está en el centro del debate sobre personal y mantenimiento.

Los trabajadores ya habían alertado de la carga de trabajo después del accidente de Adamuz. Hace cinco meses insistieron mediante una carta dirigida a la Agencia de Seguridad Ferroviaria, dependiente del Ministerio de Transportes.

Puente ha defendido el refuerzo de las plantillas y ha situado en 1.762 los trabajadores de los centros de control y regulación de Adif, frente a los 1.008 de 2016. También ha invocado las mejoras tecnológicas incorporadas al servicio.

En Atocha, el ministro ha comparado los 70 trabajadores de 2012 con los 133 actuales y un máximo de 140 en 2025. Ha añadido que se están recuperando puestos tras algunas jubilaciones y que sigue en marcha el compromiso de aumentar las plantillas acordado tras Adamuz.

La réplica sindical exige examinar cómo se trabaja cuando coinciden trenes, averías y otras incidencias. CGT reclama revisar la formación, la organización y el mantenimiento antes de atribuir lo ocurrido al factor humano.

Vicente Almenar, maquinista de Renfe en UGT, pide saber qué veía el controlador en su pantalla. También advierte de la presión para recuperar retrasos y denuncia la fatiga laboral de quienes gestionan la circulación.

La difusión de conversaciones entre los maquinistas y el centro de control ha abierto otro frente. CGT rechaza exponer actuaciones parciales mientras se investiga; Almenar cuestiona que los audios difundidos ofrezcan una visión completa.

CCOO reclama barreras capaces de prevenir y corregir errores individuales. Antonio Tobal, responsable de seguridad de UGT en Adif, pide revisar la formación y las condiciones en las que se tomó la decisión que está bajo examen.

Las causas del choque siguen bajo investigación. Puente sitúa los indicios en una actuación del centro de control; los sindicatos reclaman examinar el sistema completo antes de cerrar una explicación sobre la tragedia.

El mantenimiento de las vías también forma parte de esta discusión. Los expertos plantean duplicar la inversión en una infraestructura que soporta más circulaciones que antes de la liberalización ferroviaria.

La respuesta de los controladores deja una discrepancia concreta: Transportes defiende que ha reforzado las plantillas y los trabajadores denuncian saturación. La investigación de Urda deberá esclarecer la secuencia del accidente; esas denuncias mantienen abierto el examen de las condiciones de trabajo.

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