Amenazas y visita a la clínica: la pista de la clienta en el asesinato de Alexander Aslani

El asesinato de Alexander Aslani ha dejado una escena difícil de borrar en Marbella: un cirujano plástico abatido a tiros dentro de la clínica en la que trabajaba. Dos días después, la investigación se ha detenido en una pista que ya había encendido las alarmas antes del ataque: las amenazas recibidas por el médico.
Aslani, de 57 años, atendía en Cirumed cuando un hombre cubierto y vestido de negro irrumpió en la zona de consultas. El atacante abrió fuego y escapó en una motocicleta preparada frente al edificio. Los sanitarios encontraron al doctor con vida, pero las heridas resultaron mortales poco después.
La policía detuvo a un joven sueco de 18 años como presunto autor material en menos de veinticuatro horas. Ese arresto no cerró el caso. Las pesquisas continúan para reconstruir quién facilitó la huida, quién pudo planificar el ataque y cuál fue el motivo que llevó la violencia hasta la clínica.
La nueva línea sitúa en el centro a una clienta que no habría quedado satisfecha con un tratamiento estético. Horas antes del crimen, la mujer habría enviado mensajes a la clínica para reclamar una devolución de dinero. En esas comunicaciones también habrían aparecido amenazas dirigidas contra el cirujano.
No era el único episodio que preocupaba al entorno del centro médico. La pareja de esa mujer se había presentado días antes en la clínica para expresar su malestar al personal. Aquella visita y los avisos posteriores quedaron incorporados a las actuaciones previas al asesinato, una secuencia que hoy adquiere otra dimensión.
Los investigadores examinan si aquellos mensajes, la reclamación económica y la presencia del hombre en el centro guardan relación directa con los disparos. Por ahora, esa conexión no está acreditada de forma definitiva. La causa permanece abierta y el secreto judicial limita los detalles que pueden conocerse sobre las diligencias.
El ataque ocurrió poco antes de las seis de la tarde, en una zona de consultas de la clínica situada en la urbanización Real Panorama. El agresor llegó con el rostro oculto, localizó al médico y huyó después del tiroteo. La rapidez de la secuencia alimenta la hipótesis de una acción preparada con antelación.
La investigación también trata de esclarecer si hubo más personas implicadas en los preparativos o en la salida del supuesto tirador. El joven arrestado habría viajado a la Costa del Sol para cometer el crimen y habría contado con apoyo en la zona. Determinar ese posible apoyo es una de las claves pendientes.
La muerte de Aslani sacudió a una clínica con clientela internacional y una larga actividad en Marbella. Su esposa trabajaba en el centro y se encontraba allí cuando se produjeron los disparos. Fue una de las personas que alertó de inmediato de lo ocurrido, mientras el agresor ya se alejaba del lugar.
En paralelo, los agentes valoran otros antecedentes relacionados con el descontento de pacientes. Una de las hipótesis difundidas apunta a una mujer a la que el cirujano habría rechazado operar semanas antes. Esa posible situación se analiza de manera separada de los mensajes recientes, sin que se haya fijado todavía una conclusión.
También se investiga un incidente previo contra la fachada de la clínica, donde habrían sido arrojadas piedras pocos días antes del homicidio. El episodio no permite por sí solo identificar a los responsables ni establecer un vínculo con el asesinato, pero forma parte del contexto que los agentes revisan ahora con especial atención.
El caso ha obligado a separar los hechos comprobados de las conjeturas que rodean al crimen. Hay un detenido, amenazas conocidas y una investigación bajo secreto; no hay, por el momento, una atribución judicial firme sobre quién ordenó matar al cirujano ni sobre la motivación definitiva del ataque.
La violencia entró en la clínica con una precisión que convirtió una tarde de trabajo en una ejecución. La reclamación de una clienta y la visita de su pareja no equivalen a una autoría, pero son elementos que los investigadores deben medir frente a cada llamada, cada desplazamiento y cada contacto previo al tiroteo.
Marbella espera respuestas mientras la causa avanza entre el silencio judicial y una cadena de advertencias que nadie logró detener a tiempo. El arresto del presunto tirador es solo una parte del recorrido. La pregunta que pesa sobre el caso sigue intacta: quién decidió que aquellas amenazas terminaran en muerte.






