Antonio Acedo, el maquinista fallecido en Urda: una vida entre trenes y fotografía

Antonio Acedo tenía 36 años y conducía el AVE implicado en el accidente de Urda, en Toledo. Su muerte, confirmada por Izquierda Española, la formación en la que militaba, pone nombre a una de las vidas truncadas en la colisión del 28 de octubre.
El tren de Renfe chocó con un convoy de Iryo en la línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Al día siguiente, el balance comunicado por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, alcanzaba los 69 fallecidos.
Acedo había nacido en Móstoles en 1990. El ferrocarril atravesaba su historia familiar desde antes de que él pudiera elegir una profesión: su padre era maquinista y su abuelo había trabajado como eléctrico de Renfe.
En su biografía personal explicaba que había crecido cerca de los trenes y que el paisaje ferroviario formaba parte de su infancia. Aquella cercanía acabó convirtiéndose en oficio, pero también en una manera de mirar y fotografiar el mundo.
Su afición a la fotografía se había alimentado durante la adolescencia con imágenes de viajes familiares. Los negativos, las diapositivas y las fotografías analógicas despertaron su interés por las cámaras y por los recuerdos que conservaban.
Entre aquellas cámaras familiares figuraban una Werlisa Color, una Minolta 7000 y una Start polaca de tipo Rolleicord. Eran parte del origen de una inquietud artística que acompañó a Acedo mientras desarrollaba su carrera ferroviaria.
En 2012, su formación como maquinista lo llevó a vivir en Barcelona. Su recorrido también incluía estudios vinculados al Arte, la Historia y la Geografía en la Universitat Oberta de Catalunya, junto a su dedicación profesional a los trenes.
La fotografía ocupaba un lugar propio en su vida. En la presentación de su trabajo, Acedo describía una atención a los instantes cotidianos y al ir y venir, con imágenes que relacionaban su experiencia personal con el tiempo que le tocaba vivir.
Su muerte también ha golpeado a Izquierda Española. El partido comunicó el fallecimiento de su compañero y trasladó las condolencias a sus seres queridos, recordándolo por su prudencia, su compromiso y la generosidad que dejaba en quienes lo conocían.
Guillermo del Valle, dirigente de la formación, explicó que Acedo había participado en la elaboración de su programa sobre transporte. Su experiencia en el ferrocarril había encontrado así otra vía de expresión, además del trabajo y la fotografía.
En ese recuerdo, Del Valle vinculó sus aportaciones a las carencias de mantenimiento y al deterioro que denunciaba en la red ferroviaria. Son las valoraciones del dirigente sobre su compañero y el servicio, sin que establezcan por sí mismas las causas del choque.
Mientras llegaban los mensajes de despedida, Toledo afrontaba las primeras autopsias y el inicio de la identificación de los cadáveres. El Instituto de Medicina Legal recibía a las víctimas de una tragedia que había movilizado a hospitales de Madrid y Castilla-La Mancha.
La Guardia Civil había recibido 64 denuncias de familiares y allegados que no lograban localizar a sus seres queridos. Ese recuento reflejaba las comunicaciones por desaparición recibidas tras el accidente, una espera que continuaba junto al trabajo de identificación.
Para los allegados de Antonio Acedo, la confirmación de su muerte deja la despedida de un hombre nacido en una familia ferroviaria. Su biografía reúne el oficio heredado, las fotografías de los viajes familiares y una vida propia que terminó en el accidente de Urda.






