Sheila busca a su madre tras el accidente de Urda: su padre sigue en la UCI

Sheila sabe dónde está su padre, pero no puede responder a la pregunta que él repite desde la UCI: dónde está su mujer. Sus padres viajaban juntos en uno de los trenes que chocaron el 28 de octubre en Urda, Toledo. Al día siguiente, la familia seguía sin localizar a la madre.
El padre permanece grave en el Hospital Universitario de Toledo. Su hija explicó que lo habían operado de urgencia y que sufría una lesión medular y neurológica. El equipo médico les había comunicado que estaba estable, pendiente de su evolución tras la intervención.
La última pista sobre la madre procede del propio padre. Sheila relató que él la vio salir del tren antes de que lo evacuaran a él y que le habían colocado una identificación roja durante el triaje. Después de ese momento, la familia perdió el rastro de su traslado.
La joven reiteró su petición de ayuda en otra intervención televisiva ese 29 de octubre. Explicó que su madre había sido evacuada en camilla y que todavía no habían logrado averiguar su destino. El testimonio situaba la búsqueda después del rescate, sin confirmar dónde estaba.
Las llamadas a los hospitales no habían permitido cerrar ese vacío. Sheila contó que habían contactado con todos los centros y que les habían tomado los datos, pero seguían sin recibir una respuesta que indicara dónde estaba su madre o en qué estado se encontraba.
Su hermana se dirigía al hospital de Ciudad Real para intentar obtener información en persona. Sheila explicó que por teléfono no conseguían noticias y transmitió lo que les habían dicho sobre posibles pacientes sin identificar. No contaban con una confirmación de que su madre estuviera allí.
La posibilidad de que estuviera ingresada sin poder identificarse era una esperanza expresada por Sheila. La joven se preguntaba si su madre podía haber quedado inconsciente o carecer de móvil. Ninguna de esas hipótesis equivalía a una localización confirmada por un hospital.
Las imágenes de la desaparecida se difundían para intentar que alguien la reconociera. Sheila, su hermana y otros familiares buscaban una pista mediante la televisión y la plataforma SOS Desaparecidos. La petición se centraba en saber si alguien la había visto después de la evacuación.
Sheila hizo su conexión desde un coche para que su padre no escuchara el relato de la búsqueda. Quería evitar que oyera desde el hospital la incertidumbre que ella estaba contando mientras él seguía preguntando por su esposa. La hija todavía no tenía una respuesta que darle.
La pregunta del padre atravesaba toda su intervención. «No para de preguntar por ella», explicó Sheila, que intentaba acompañarlo tras la operación mientras buscaba noticias de su madre. Saber que él estaba siendo atendido no resolvía el destino del otro miembro de la pareja.
La espera también se extendía a otras familias en Toledo. Esa mañana, 59 familiares habían pasado la noche en la Casa Sacerdotal después de facilitar muestras de ADN en la Comandancia de la Guardia Civil. Allí aguardaban información sobre personas que viajaban en los trenes.
Entre quienes esperaban estaban Mari Carmen Bejarano y su hijo César, que buscaban a César Vicente Sanz, de 63 años. Su caso era distinto al de Sheila, pero compartía la falta de noticias. Los familiares reclamaban datos que permitieran reconocer a sus allegados en los hospitales.
En ese alojamiento, las familias recibían atención de psicólogos y servicios sociales. La identificación de los cuerpos trasladados al Instituto de Medicina Legal de Toledo seguía siendo otra parte del trabajo de emergencia, mientras los allegados aguardaban comunicaciones concretas.
Al terminar su llamamiento, Sheila seguía sin poder decir dónde estaba su madre. La había situado en una evacuación que su padre recordaba haber visto, pero desconocía el traslado posterior y su estado. Esa era la información que necesitaba para volver junto a él con una respuesta.






