Ceuta: Abascal reclama militarizar la frontera y expulsar a migrantes

Ceuta volvió a ocupar el centro de la escena política el 12 de octubre, cuando Santiago Abascal eligió la ciudad autónoma para celebrar la Fiesta Nacional en vez de acudir al desfile de Madrid. El líder de Vox convirtió su visita en una denuncia frontal contra la gestión de la frontera y el Gobierno de Pedro Sánchez.
La comparecencia se celebró en el Mirador Isabel II, con la frontera con Marruecos como fondo y con Jordan Bardella, dirigente de la Agrupación Nacional francesa, a su lado. La imagen buscaba proyectar una alianza europea de partidos nacionalistas en un lugar marcado por la reciente crisis migratoria.
Abascal pidió la militarización permanente de la frontera ceutí y el refuerzo de los recursos destinados a impedir nuevas entradas irregulares. También reclamó la expulsión de quienes cruzaron durante las crisis recientes, una propuesta que choca con los límites legales y las garantías exigidas en cada procedimiento.
El dirigente situó sus demandas en el impacto que, a su juicio, aún arrastra la ciudad después de las entradas masivas de finales de julio. Presentó aquel episodio como una cuestión de seguridad y soberanía, y acusó al Ejecutivo central de no haber protegido adecuadamente a los habitantes de Ceuta.
Durante el acto sostuvo que la respuesta estatal no puede limitarse a actuaciones temporales ni a desalojos puntuales. Su planteamiento pasa por un control estructural de la frontera, con presencia militar y medidas de devolución o expulsión para quienes hubieran entrado de manera irregular.
La elección de Ceuta no fue casual. Abascal explicó que rechazaba compartir tribuna con el Gobierno en Madrid y vinculó esa ausencia a su crítica por la situación fronteriza. El Día de la Hispanidad quedó así convertido en una jornada de confrontación política desde uno de los puntos más sensibles del país.
Bardella acompañó al presidente de Vox durante el recorrido y el acto público. Su presencia reforzó el componente internacional del mensaje: ambos dirigentes defendieron una cooperación entre fuerzas nacionalistas europeas y un endurecimiento de las políticas de control fronterizo dentro de la Unión Europea.
En sus declaraciones, Abascal también habló de repatriaciones, deportaciones de extranjeros que cometan delitos y procesos de remigración para personas que, de acuerdo con su formulación, vivan de ayudas sin trabajar ni contribuir. Son propuestas políticas planteadas en un contexto de fuerte controversia social y jurídica.
La frontera de Ceuta es un espacio donde cada palabra tiene consecuencias. La ciudad concentra una compleja convivencia, una presión migratoria recurrente y una relación especialmente delicada con Marruecos. Por eso, el discurso de militarización no quedó reducido a una consigna: volvió a poner en primer plano el modelo de respuesta del Estado.
Abascal calificó los sucesos de julio como una agresión contra la integridad territorial y responsabilizó al Gobierno de haber permitido que la situación se desbordara. Esa interpretación fue el eje de un mensaje que mezcló seguridad, identidad nacional y una crítica directa a la política exterior y migratoria del Ejecutivo.
El acto tuvo además un fuerte valor simbólico. Antes de la comparecencia, los dirigentes recorrieron varios puntos de Ceuta y participaron en una ofrenda floral. La escenografía situó la frontera como un escenario de alarma permanente y presentó la visita como una muestra de respaldo a quienes viven en la ciudad.
Las propuestas expuestas no describen medidas ya aprobadas ni decisiones operativas en marcha, sino la posición de Vox ante la crisis. La expulsión de personas migrantes exige expedientes individuales y está sometida a normas nacionales, europeas e internacionales que condicionan cualquier actuación de las autoridades.
La visita dejó un mensaje político calculado para una campaña marcada por la inmigración y la seguridad. Ceuta fue utilizada como escaparate de una demanda de mayor dureza frente a las entradas irregulares, pero también como prueba de una disputa más amplia sobre qué herramientas debe emplear España en su frontera sur.
Al caer la tarde, la tensión no estaba en las calles sino en el relato. Abascal había transformado una fecha institucional en un desafío directo al Gobierno y había colocado de nuevo a Ceuta ante una pregunta incómoda: cómo proteger una frontera sin convertir a quienes la cruzan en simples piezas de una batalla política.






