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Ayuso prepara el traslado temporal de su despacho por la acampada de Sol

La Puerta del Sol lleva semanas convertida en el escenario de una protesta por la vivienda y ahora esa presión alcanza de lleno a la Real Casa de Correos. Isabel Díaz Ayuso estudia trasladar temporalmente su despacho fuera de la sede de la Presidencia madrileña, instalada en el corazón de la plaza.

La posibilidad no se presenta como un traslado definitivo, sino como una reubicación para mantener la actividad institucional mientras continúe la situación actual. El Ejecutivo autonómico examina distintas dependencias de la Comunidad de Madrid para celebrar visitas, reuniones y actos que habitualmente se organizan en Sol.

La acampada comenzó el 26 de septiembre, después del desahucio de Maricarmen, y ha mantenido la protesta por el acceso a la vivienda en el centro de Madrid. Con el paso de los días, las tiendas y las concentraciones han dejado una imagen persistente frente a una de las fachadas más simbólicas del poder regional.

La Comunidad sostiene que la sede no reúne ahora las condiciones necesarias de seguridad para el trabajo institucional, especialmente cuando hay visitas o convocatorias públicas. La aclaración difundida por el entorno de la presidenta separa esa preocupación de la situación del personal que continúa trabajando dentro del edificio.

Entre las opciones que han cobrado fuerza figura el uso de instalaciones del Canal de Isabel II en Chamberí, aunque no existe una confirmación oficial sobre el destino final. El posible cambio desplazaría la actividad diaria de la presidenta lejos del kilómetro cero, donde la protesta sigue marcando el ritmo de la plaza.

El traslado también llega rodeado de otro argumento: la Real Casa de Correos tiene previstas obras y el Gobierno regional afirma que ya buscaba alternativas desde hace meses. Ese antecedente añade una segunda capa al anuncio y evita reducir la decisión únicamente al conflicto abierto por la acampada.

La tensión institucional ha crecido al mismo tiempo que el Gobierno madrileño reclamaba el levantamiento de la concentración. La Administración regional ha cuestionado la actuación de la Delegación del Gobierno y ha llevado el asunto a los tribunales, sin lograr que se ordenara el desalojo inmediato que pretendía.

La estación de Metro de Sol también quedó atrapada en el pulso. Su cierre temporal por motivos de salubridad y seguridad convirtió los accesos subterráneos en otro foco de discusión, hasta que el servicio recuperó la normalidad después de las tareas de limpieza en la zona.

Desde la Presidencia madrileña se han vinculado los problemas de funcionamiento de la sede con el bloqueo del acceso principal y con el ruido que llega a los despachos. La protesta, nacida por la crisis habitacional, ha terminado por alterar la rutina administrativa de un edificio que concentra actividad política y ceremonial.

Ayuso ha endurecido su discurso sobre la acampada y ha denunciado una deriva de inseguridad en torno a Sol. Esas acusaciones forman parte de una confrontación política más amplia sobre el derecho de reunión, la gestión del espacio público y la respuesta que debe darse a una movilización prolongada.

La decisión de buscar otro lugar para el despacho se produce cuando la acampada se acerca a su cuarta semana. La escena resume un choque difícil de esconder: una protesta instalada frente a la sede regional y una Presidencia que contempla mover parte de su actividad para poder seguir funcionando.

La Real Casa de Correos no deja de ser la sede de la Comunidad de Madrid, pero su actividad puede repartirse de manera temporal si la reubicación se concreta. La medida afectaría sobre todo a los actos y encuentros con presencia externa, no al trabajo ordinario que se desarrolla dentro del inmueble.

El posible traslado no resuelve el conflicto de fondo. La acampada reclama respuestas ante la crisis de la vivienda, mientras el Gobierno madrileño sitúa el foco en la seguridad, la higiene y el uso de la plaza. Ambas narrativas avanzan en paralelo, sin que aparezca una salida cercana para Sol.

Por ahora, la mudanza sigue en fase de estudio y el destino no está cerrado. Pero la sola posibilidad de sacar el despacho de la presidenta de la Puerta del Sol revela hasta qué punto la protesta ha alterado el centro político de Madrid y ha convertido la plaza en un territorio de tensión constante.

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