Un padre deja a sus dos hijos junto a una comisaría de Alicante para que fueran tutelados

Dos hermanos de 12 y 14 años aparecieron cerca de la Comisaría Provincial de Alicante con una explicación que parecía encajar en el laberinto de la llegada irregular: aseguraban haber desembarcado solos desde Argelia. La escena activó el protocolo de protección y los menores fueron trasladados a un centro mientras se comprobaba quiénes eran y de dónde venían.
La investigación posterior rompió esa primera versión. Los agentes determinaron que los chicos no habían llegado sin compañía a España, sino que habían viajado con su padre y convivido con él durante meses. El hombre, de 40 años y nacionalidad argelina, habría dejado a los menores junto a la dependencia policial con instrucciones precisas para presentarse como no acompañados.
El caso se remonta al verano, cuando la familia dejó un hostal de San Juan de Alicante en el que había permanecido dentro de un programa de acogida humanitaria. El periodo de apoyo había terminado después de un año y el alojamiento dejó de estar disponible. A partir de ahí, padre e hijos quedaron en una situación de inestabilidad que acabó bajo la mirada de la Policía.
Las pesquisas sitúan al padre aún en Alicante después de abandonar el hostal. Habría alquilado una vivienda durante unos quince días y después se habría instalado en casa de un amigo. Sus hijos, en cambio, fueron conducidos hasta las proximidades de la comisaría, donde debían sostener una identidad administrativa que no correspondía con su historia familiar.
La maniobra investigada tenía una consecuencia inmediata: que los servicios públicos asumieran la tutela de los dos adolescentes como menores extranjeros no acompañados. El relato de una llegada en patera sin familiares cercanos podía abrirles la puerta del sistema de protección. La investigación sostiene que esa apariencia ocultaba que el padre seguía en la ciudad y conocía la situación de los chicos.
Los dos menores fueron ingresados inicialmente en un recurso de protección. Ese paso, pensado para evitar que un niño quede solo y sin cuidado, permitió ganar tiempo para contrastar datos. La unidad policial especializada comenzó a reconstruir los movimientos de la familia, su estancia previa en España y la relación real que existía entre el hombre detenido y los adolescentes.
La familia había llegado a España en agosto del año anterior tras desembarcar en Ibiza en una lancha rápida. Después fue atendida dentro del dispositivo de acogida humanitaria y pasó por Palma antes de ser trasladada a San Juan de Alicante. Durante ese tiempo, los dos hermanos fueron escolarizados y permanecieron incluidos en el mismo circuito de atención que su padre.
La investigación también examinó la situación económica atribuida al detenido. Los agentes le vinculan con tres lavaderos en Argelia que estarían arrendados o gestionados por su actual pareja. Ese dato forma parte de las diligencias destinadas a determinar si la llegada y la posterior petición de ayuda respondían a una estrategia para trasladar al Estado la manutención de los menores.
No era la primera vez que la familia quedaba bajo atención policial. Entre marzo y abril, los menores denunciaron a su padre por supuestos malos tratos con el objetivo de entrar en un centro. Más tarde reconocieron que aquella acusación no era cierta y regresaron con él. Ese antecedente fue incorporado al examen de lo ocurrido junto a la comisaría de Alicante.
Tras reunir los indicios, la Policía detuvo al hombre como presunto autor de abandono de menores, favorecimiento de la inmigración irregular y estafa. Después de prestar declaración quedó en libertad con cargos. Los dos hermanos fueron retirados del sistema de protección al concluir las actuaciones iniciales y volvieron a quedar bajo la responsabilidad de su padre.
El expediente se encuadra en una línea de investigación policial abierta en Alicante desde hace tres años contra abandonos de menores vinculados a falsas situaciones de desamparo. En ese periodo se han producido decenas de detenciones por casos en los que progenitores habrían intentado que sus hijos fueran considerados menores no acompañados y tutelados por la Administración.
La crudeza del caso está en el lugar elegido para cortar el vínculo de cuidado: la puerta de una comisaría. Para los chicos, la promesa de que todo se resolvería con unos papeles se convirtió en una declaración falsa ante quienes debían protegerlos. Para los investigadores, ese detalle fue la primera pieza de una historia que no encajaba con los registros disponibles.
La causa sigue abierta y la condición de investigado obliga a tratar los hechos como presuntos hasta que exista una resolución judicial. Aun así, el recorrido descrito por las diligencias deja una imagen inquietante: dos adolescentes utilizados en una maniobra que podía convertir su necesidad de protección en un recurso para esquivar la responsabilidad de un adulto.
Detrás de las cifras y de los delitos investigados quedan dos menores atrapados entre una ruta migratoria, un alojamiento perdido y un relato impuesto. La intervención policial evitó que su situación quedara archivada como la de dos chicos solos sin historia. La investigación trata ahora de delimitar qué ocurrió y quién debía responder por ellos cuando fueron dejados ante aquella comisaría.






