El hermano de Helena Jubany afronta el juicio: «Hay gente que sabe cosas»

El caso de Helena Jubany ha dado un paso que su familia llevaba un cuarto de siglo esperando: habrá juicio oral. La decisión sitúa de nuevo ante los tribunales una muerte ocurrida en Sabadell en diciembre de 2001 y devuelve a primer plano una pregunta que no ha dejado de acompañar a los Jubany: qué ocurrió en las últimas horas de Helena.
La instrucción se cierra con Santi Laiglesia como único acusado de detención ilegal y asesinato. La resolución prevé un jurado popular y deja archivada provisionalmente la causa contra Xavi Jiménez. Laiglesia mantiene la presunción de inocencia mientras no exista una sentencia firme, y todavía no hay fecha fijada para el inicio de la vista.
Para Joan Jubany, hermano de Helena, la apertura del juicio no borra los años de incertidumbre ni la pérdida acumulada. La familia celebra que el procedimiento avance, pero lo hace con una ausencia reciente: su padre, que siguió el caso durante décadas y acudió a numerosas diligencias, murió el pasado junio sin conocer esta resolución.
Helena Jubany tenía 27 años cuando fue hallada muerta en el patio interior de un edificio de la calle Calvet d’Estrella de Sabadell. Su cuerpo apareció la madrugada del 2 de diciembre de 2001. La investigación descartó que pudiera tratarse de un suicidio y abrió una causa que atravesó archivos, reaperturas, pruebas tardías y plazos judiciales decisivos.
La autopsia detectó benzodiacepinas en una cantidad muy superior a la dosis habitual. También se documentaron quemaduras, señales compatibles con ataduras y otros indicios que llevaron a los investigadores a sostener que Helena no estaba en condiciones de subir sola a la azotea desde la que cayó. Aquella conclusión convirtió la caída en el centro de una investigación criminal.
En las semanas anteriores, Helena había recibido dos envíos anónimos con bebidas y dulces. Uno de ellos contenía somníferos. El vínculo entre esos envíos y el desenlace de diciembre se investigó desde el inicio, junto con las relaciones de la joven en la Unió Excursionista de Sabadell, donde participaba en la sección de naturaleza tras instalarse en la ciudad.
La investigación inicial señaló a personas de ese entorno, pero durante años no logró reunir pruebas suficientes para sostener una acusación hasta juicio. Una de las investigadas, Montse Careta, ingresó en prisión provisional y murió allí en 2002. El expediente se archivó de forma provisional en 2005 y el paso del tiempo fue cerrando el margen para esclarecer el caso.
La familia no abandonó esa búsqueda. La revisión de testimonios, correos y materiales conservados permitió reabrir líneas de investigación. En 2021, a pocas horas de que vencieran plazos de prescripción para personas que no habían sido investigadas, el juzgado incorporó nuevas actuaciones. El caso volvió a moverse cuando parecía abocado al cierre definitivo.
Una de las claves posteriores fue el análisis de ADN en la ropa de Helena. La jueza considera que una muestra localizada en su jersey permitiría situar a Santi Laiglesia en el lugar de los hechos y en el momento de la muerte. La defensa sostiene que esa evidencia pudo llegar a la prenda de forma indirecta y ha cuestionado su cadena de custodia.
La audiencia preliminar celebrada en Sabadell resolvió que la discusión sobre esas pruebas debe llegar al juicio. Laiglesia deberá comparecer ante la Audiencia de Barcelona con medidas cautelares: tiene retirado el pasaporte, debe presentarse periódicamente ante el juzgado y no puede salir de España. Fiscalía y acusación particular solicitan 26 años de prisión.
El proceso judicial no responde todavía al interrogante que persigue a la familia desde 2001. La apertura del juicio no equivale a una condena ni despeja por sí sola los vacíos de la investigación, pero permite que las pruebas sean examinadas en una vista pública. Para quienes convivieron con la ausencia de Helena, ese trámite llega después de una espera extrema.
Joan Jubany ha explicado que deseaba que sus padres conocieran la verdad y pudieran cerrar el duelo. Su padre no alcanzó a ver la decisión de abrir juicio, y esa ausencia atraviesa este momento de alivio contenido. El hermano de Helena insiste en que la perseverancia familiar no nació de la obstinación, sino de la necesidad de saber por qué la mataron.
El caso también conserva heridas que ningún auto judicial puede resolver de inmediato. La desaparición de pruebas, las dudas sobre las primeras diligencias y el tiempo transcurrido formarán parte del contexto de un juicio que llega 25 años después. La acusación, la defensa y el tribunal deberán confrontar esas piezas con las garantías propias de un proceso penal.
La historia de Helena Jubany entra ahora en una fase distinta. Ya no se trata solo de reconstruir un archivo lleno de silencios, sino de escuchar en un tribunal la versión de las partes y valorar las evidencias disponibles. Para su hermano, sigue habiendo personas que saben cosas. El juicio será la oportunidad de comprobar si esos silencios pueden, por fin, romperse.






