Metro de Sol reabre tras 34 horas de cierre mientras sigue la acampada por la vivienda

La estación de Metro de Sol volvió a abrir la noche del sábado, después de 34 horas cerrada y de una intervención de limpieza que dejó al descubierto el choque entre una infraestructura esencial y una protesta que no abandona la Puerta del Sol. Los trenes de las líneas 1, 2 y 3 recuperaron sus paradas en el kilómetro cero.
La reapertura llegó tras las comprobaciones realizadas una vez terminados los trabajos en los pozos de ventilación. El servicio había quedado suspendido desde el viernes por las condiciones higiénicas detectadas en la zona, mientras Cercanías mantuvo su actividad en la misma plaza durante todo el episodio.
El cierre se produjo en plena tercera semana de la acampada por el derecho a la vivienda. Cientos de personas han mantenido tiendas y puntos de encuentro en Sol pese a la lluvia y al descenso de las temperaturas, sosteniendo una protesta que empezó tras el desahucio de Maricarmen, de 87 años.
Maricarmen había vivido siete décadas en su domicilio. Fue desalojada el 23 de septiembre, salió en camilla escoltada por la Policía y fue trasladada al hospital Gregorio Marañón. Murió el 7 de octubre, después de dos semanas ingresada, y su caso encendió movilizaciones en varias ciudades.
La noche del 26 de septiembre, una manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid desembocó en la instalación del campamento. Desde entonces, la plaza ha dejado de ser solo un lugar de paso: cada tienda, pancarta y asamblea ha convertido el centro de Madrid en un recordatorio persistente de la crisis de acceso a la vivienda.
Las primeras reclamaciones exigían frenar los desahucios de personas vulnerables sin alternativa habitacional, renovar contratos de alquiler y facilitar viviendas asequibles. La protesta ha reunido esas demandas bajo una imagen incómoda para la ciudad: decenas de lonas resistiendo en el mismo punto por el que cada día pasan miles de viajeros.
La Comunidad de Madrid atribuyó el cierre a la necesidad de limpiar y revisar las instalaciones ante un riesgo para la salud y la seguridad de trabajadores y usuarios. El proceso incluyó ventilación, recogida de muestras y análisis antes de permitir de nuevo la entrada de pasajeros a una de las estaciones más transitadas de la red.
La reapertura no eliminó la tensión. La acampada continuó instalada en la plaza y la discusión sobre el uso de las rejillas de ventilación volvió a quedar sobre la mesa. Desde el Ayuntamiento se ha advertido de que una nueva ocupación de esos puntos podría obligar a repetir un cierre que alteró el tránsito de miles de personas.
El Gobierno regional considera ilegal la acampada y ha pedido a la Delegación del Gobierno su desalojo, además de acudir a la vía judicial. La disputa ha sumado acusaciones sobre seguridad, conservación del patrimonio y el impacto en los comercios del entorno, mientras quienes permanecen en Sol defienden que la protesta responde a una emergencia habitacional.
El contraste entre el Metro reabierto y las tiendas aún levantadas resume una crisis sin salida inmediata. El servicio recupera la normalidad bajo tierra, pero en la superficie sigue el conflicto que lo llevó al cierre: una plaza ocupada por una protesta que reclama medidas urgentes y unas administraciones enfrentadas por la respuesta.
Sol es un punto de conexión decisivo para Madrid, y cada interrupción se expande por las líneas que atraviesan el centro. Durante el cierre, los viajeros tuvieron que reorganizar trayectos y buscar estaciones próximas. La vuelta de las paradas alivió esa presión, aunque no resolvió el motivo político y social que mantiene vivo el campamento.
La acampada ha resistido tres semanas de lluvia, frío y presión institucional. El paso del tiempo ha transformado una protesta nacida tras un desahucio en un símbolo visible de la precariedad residencial, con una mujer fallecida como origen doloroso y una plaza convertida en escenario de una discusión que desborda Madrid.
La continuidad de la protesta depende ahora de decisiones que todavía no han cerrado el conflicto: la actuación de la Delegación del Gobierno, los recursos judiciales planteados y la capacidad de los acampados para sostener la presencia en la plaza. La reapertura del Metro rebaja una parte del problema, pero deja intacta la disputa principal.
Bajo las luces de Sol, el ruido de los trenes vuelve a mezclarse con el de las lonas sacudidas por la lluvia. La estación ha recuperado su actividad, pero el pulso por la vivienda sigue abierto en la superficie, donde la protesta persiste como una herida visible en el corazón de Madrid.






