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Montse Mínguez dimite del PSOE tras la polémica por los negocios inmobiliarios de su pareja

Montse Mínguez ha anunciado que abandona la portavocía de la Ejecutiva Federal del PSOE y que no formará parte de las listas al Congreso por Lleida. La decisión llega en plena precampaña y después de varios días de controversia por la actividad inmobiliaria atribuida a su pareja.

La dirigente socialista comunicó su salida mediante un mensaje en redes sociales. Explicó que daba un paso atrás porque consideraba que era lo mejor para el proyecto colectivo, y sostuvo que tomaba esa decisión con la conciencia tranquila, la cabeza alta y fidelidad a sus principios.

La renuncia no se limita a una función interna. Mínguez deja una posición visible dentro del partido y se aparta de una candidatura que iba a encabezar en Lleida. El movimiento obliga al socialismo catalán a recomponer una parte de su estrategia electoral a pocas semanas de la cita con las urnas.

El episodio se desencadenó tras conocerse informaciones sobre un grupo inmobiliario vinculado a Sergi Vélez, pareja de Mínguez, dedicado también al alquiler de viviendas. La cifra de una cartera de alrededor de treinta inmuebles colocó el asunto en el centro de una discusión política especialmente sensible.

La vivienda es uno de los asuntos que más tensión acumula en la campaña. El acceso a un alquiler asequible, la regulación del mercado y las críticas a los grandes tenedores se han convertido en terreno de confrontación entre los partidos, con un debate que llega a cada vez más hogares.

La oposición aprovechó la controversia para cuestionar la coherencia entre el discurso socialista sobre vivienda y el negocio de la pareja de la portavoz. Desde el entorno de Mínguez se defendió que se trataba de una empresa familiar que actuaba dentro de la legalidad y que ella no intervino en sus decisiones.

Mínguez también había rechazado que pudiera identificarse su situación con la de un gran fondo inmobiliario. En los días previos a su dimisión defendió la separación entre su responsabilidad pública y una actividad empresarial ajena, pero la presión política no dejó de crecer.

La salida se produce después de que Pedro Sánchez expresara públicamente su respaldo a la dirigente. Ese apoyo no evitó que la polémica siguiera condicionando la agenda del partido, justo cuando la vivienda aspira a ocupar un lugar central en el mensaje electoral socialista.

El PSOE comunicó que respeta la decisión y agradeció la dedicación de Mínguez durante su etapa en el partido. La formación destacó su compromiso y su trayectoria, mientras afronta la necesidad inmediata de elegir una nueva voz para una portavocía expuesta a la presión diaria de la actualidad.

La dimisión abre además un vacío en Lleida. La candidatura que iba a liderar deberá reorganizarse antes de la proclamación definitiva, y la sustitución de una dirigente conocida añade incertidumbre a un territorio donde cada movimiento de campaña puede tener un peso considerable.

El caso no incluye una acusación de que Mínguez hubiera utilizado su cargo en beneficio de la actividad de su pareja. La controversia ha girado alrededor del coste político de esa vinculación empresarial en un momento de fuerte debate social sobre los alquileres y los desahucios.

La propia Mínguez presentó su salida como un acto de responsabilidad frente a un contexto que describió como decisivo. Su mensaje puso el foco en la defensa de los valores de su espacio político, aunque la renuncia confirma que la crisis había superado el plano de una disputa pasajera.

Para el PSOE, el reto ahora es impedir que el episodio eclipse el resto de su campaña. La vivienda había sido escogida como una de las grandes banderas de la precampaña, y la renuncia de una de sus portavoces más visibles entrega a los adversarios un argumento difícil de neutralizar.

La retirada de Mínguez cierra una semana de tensión, pero deja abierta la discusión sobre la distancia entre los mensajes políticos y las circunstancias personales de quienes los defienden. En la recta hacia las elecciones, esa brecha vuelve a colocar la vivienda en el centro del conflicto.

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