Vigo: Feijóo convierte su experiencia gallega en promesa de cambio para el 29N

La Estación Marítima de Vigo se convirtió este sábado en una escena de campaña anticipada. Alberto Núñez Feijóo entró entre aplausos, vítores de presidente y los principales rostros de su partido en Galicia, decidido a transformar aquel respaldo en el primer gran mensaje de la carrera hacia las elecciones generales del 29 de noviembre.
El líder del Partido Popular eligió una frase sin rodeos para fijar el tono del acto: aseguró que lleva toda su vida preparándose para presidir el Gobierno de España. No fue una declaración aislada, sino la pieza central de un discurso construido sobre su etapa al frente de la Xunta y la promesa de trasladar esa experiencia al conjunto del país.
Feijóo se presentó ante su público como alguien que conoce el terreno y que vuelve a jugar en casa. Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, reforzó esa imagen al situarlo en su mejor momento político y al defender que el PP necesita a su candidato más fuerte para disputar el cambio de ciclo que reclama.
La maquinaria electoral apareció pronto en el vocabulario del mitin. Feijóo pidió a los suyos ponerla a tope y vinculó el esfuerzo de las próximas semanas con la posibilidad de ganar limpiamente el 29N. El mensaje buscó activar a una organización que él describió como un motor preparado para salir de Galicia y empujar en toda España.
El candidato contrapuso su proyecto al Gobierno de Pedro Sánchez con un lenguaje severo y acusaciones de corrupción. Afirmó que no indultará a corruptos si llega a La Moncloa y prometió que quienes hayan cometido delitos responderán por ellos. La apelación al castigo marcó uno de los momentos más duros de su intervención.
El acto también recogió la tensión política vivida durante la semana en A Coruña. Feijóo cuestionó a quienes, a su juicio, pretenden agitar unas calles que les dan la espalda y pidió evitar un clima de confrontación. Frente a ese escenario, habló de una reconstrucción nacional basada en volver a darse la mano.
En el terreno económico, el dirigente popular cargó contra las más de cien subidas de impuestos que atribuyó al Ejecutivo durante la legislatura. Su diagnóstico fue que los hogares afrontan un coste de vida creciente mientras la recaudación aumenta, y planteó una reversión dirigida a rentas medias, familias, autónomos y jóvenes.
Entre las medidas concretas, Feijóo comprometió una rebaja del impuesto sobre la renta y una reducción del IVA en alimentos básicos y en la luz mientras persista la inflación. También anunció que los autónomos que facturen menos de 85.000 euros quedarían exentos de tributación, dentro de un paquete centrado en aliviar cargas fiscales.
La primera vivienda ocupó otro lugar destacado en el discurso. El líder del PP propuso reducir el impuesto de transmisiones para quienes accedan a ella y defendió que las familias con hijos paguen menos impuestos. Son promesas diseñadas para conectar con una preocupación doméstica que atraviesa la precampaña: el coste de iniciar una vida independiente.
La vivienda fue además uno de los frentes donde dibujó una alternativa completa. Feijóo prometió construir un millón de viviendas durante la próxima legislatura para aumentar la oferta y rebajar los precios. Rechazó el control de precios como respuesta principal y avanzó cambios en la ley del suelo y en la propiedad horizontal.
Junto a esas reformas, el candidato anunció una futura ley antiocupación y defendió que los propietarios dispongan de mayores garantías. La propuesta se integró en una crítica más amplia a la política de vivienda del Gobierno, aunque dejó en el aire el calendario, la financiación y el alcance concreto de las modificaciones legislativas que plantea.
La financiación autonómica fue otro de los asuntos elegidos para enlazar Galicia con el debate nacional. Feijóo sostuvo que el reparto debe ser justo y que ninguna comunidad debe aceptar menos de lo que le corresponde. Su fórmula insistió en distribuir entre todos lo que considera común, sin que el sistema sirva para comprar apoyos políticos.
El candidato volvió sobre la gestión gallega para defender presupuestos, servicios públicos y una administración que, en sus palabras, funcione con mayor previsibilidad. Mencionó educación, dependencia, sanidad y transportes como ámbitos donde el Estado debe responder. El contraste con la situación nacional fue la columna vertebral de esa parte del discurso.
El cierre dejó una imagen clara de la estrategia popular: convertir la experiencia de Galicia en un aval personal para llegar a La Moncloa. Vigo no fue solo el escenario de una promesa presidencial, sino el punto de partida de una campaña que Feijóo quiere disputar con mensajes de rebaja fiscal, vivienda, orden político y cambio de Gobierno.






