Abascal pide movilización masiva para el 29-N y ofrece un cambio «profundo y tranquilo»

Santiago Abascal pidió este sábado, 7 de noviembre, una movilización masiva para las elecciones generales del día 29. En el Auditorio Pedro Díaz de Guadalajara, el candidato de Vox combinó su promesa de un cambio profundo y tranquilo con una advertencia a sus seguidores: dar la victoria por hecha puede acabar en una sorpresa negativa.
El dirigente presentó los últimos ocho años como un periodo especialmente oscuro y sostuvo que España puede recuperar la esperanza. Esa fue su valoración política del mandato de Pedro Sánchez, expresada en un acto en el que reclamó más apoyo electoral para aumentar la capacidad de influencia de Vox.
La vivienda, los salarios y la posibilidad de permanecer cerca de la familia ocuparon parte de su intervención. Abascal prometió a los jóvenes un futuro en Guadalajara y en el resto de España sin tener que emigrar, vinculando su petición de voto con esas dificultades cotidianas.
También dirigió un mensaje a los mayores y rechazó las advertencias de que su formación eliminaría las pensiones. El candidato calificó esas afirmaciones de propaganda contra Vox y las atacó con dureza, mientras intentaba presentar a su partido como una alternativa para distintas generaciones.
Abascal defendió que su propuesta de cambio no pretende quebrar la convivencia. Afirmó que sus planteamientos conectan con votantes de diferentes partidos y presentó esa supuesta coincidencia como una razón para buscar apoyos más allá de quienes ya respaldan a Vox.
El líder de Vox reivindicó que el Partido Popular haya aceptado algunos de sus planteamientos en determinadas autonomías, entre ellos la prioridad nacional. A su juicio, esos acuerdos muestran el valor de la fuerza electoral recibida; con más respaldo, sostuvo, habrían podido conseguir más.
La petición de movilización bajó después al entorno inmediato de los asistentes. Abascal les instó a hablar con personas cercanas que no piensan votar a Vox o que se plantean abstenerse porque consideran que todos los partidos son iguales, y a pedirles una oportunidad para su candidatura.
Las encuestas aparecieron como un riesgo para esa estrategia. El candidato alertó de que la confianza en un buen resultado puede alimentar la desmovilización y recordó que una expectativa favorable no asegura la victoria. Su advertencia se concentró en evitar que los simpatizantes dejen de acudir a las urnas.
El discurso incluyó además referencias a posibles trampas y episodios de violencia que Abascal vinculó a sus adversarios. Fueron acusaciones y temores formulados por el candidato, que defendió una participación multitudinaria el 29 de noviembre como respuesta a los obstáculos que dijo anticipar.
El ataque al Gobierno se endureció cuando abordó la gestión ferroviaria. Abascal reclamó la dimisión de Pedro Sánchez y utilizó los accidentes de Adamuz y Urda para exigir responsabilidades políticas, conectando esas tragedias con sus críticas al funcionamiento de las infraestructuras.
También cuestionó las retribuciones variables de la dirección de Adif y acusó a responsables nombrados durante el mandato de Sánchez de desviar recursos hacia intereses particulares. El dirigente relacionó esas acusaciones con la seguridad ferroviaria; esa relación formó parte de su argumentación política.
Abascal empleó expresiones como «mafia criminal» para referirse al Ejecutivo y le atribuyó consecuencias mortales de la corrupción y de su política migratoria. Son imputaciones pronunciadas en el mitin, cuya dureza marcó una intervención centrada tanto en movilizar a los propios como en atacar al Gobierno.
El candidato reprochó asimismo las muestras de apoyo a Óscar Puente durante el acto socialista del viernes en Valencia. Frente a los aplausos al ministro, reclamó atención para las víctimas ferroviarias y situó de nuevo la exigencia de responsabilidades en el centro de su confrontación con Sánchez.
El llamamiento final volvió a las urnas del 29 de noviembre. Tras ofrecer un cambio tranquilo y lanzar duras acusaciones contra el Ejecutivo, Abascal dejó a sus seguidores una tarea concreta: convencer a otros electores y evitar que las expectativas de los sondeos sustituyan a la participación efectiva.






