El presidente de Adif, bajo presión por Urda antes de la comparecencia de Puente

La presión por el accidente ferroviario de Urda alcanza a la presidencia de Adif. Luis Pedro Marco de la Peña afronta un posible relevo mientras sigue abierta la investigación sobre la actuación del centro de control de Atocha y la aplicación de los protocolos de circulación.

El siguiente momento decisivo está previsto para el martes 3 de noviembre, a las 17.00, cuando Óscar Puente comparezca ante la Diputación Permanente del Congreso. El ministro deberá explicar la tragedia antes de que se cumpla una semana del siniestro, ocurrido en Toledo.

El nombre de Marco de la Peña aparece en las conversaciones sobre las responsabilidades políticas que puede asumir el Gobierno. Su salida se plantea como una posibilidad dentro de la respuesta a la crisis, pero la información disponible no recoge un cese anunciado oficialmente ni una fecha pública para su relevo.

El foco técnico permanece sobre la línea Madrid-Sevilla y una caída del sistema de seguridad LZB. También se examina un posible error en las órdenes de circulación del centro de control. Son cuestiones bajo investigación: todavía no permiten establecer de forma definitiva la cadena de responsabilidades.

El LZB divide la circulación en segmentos de vía de unos dos a tres kilómetros, llamados cantones. Cuando el sistema deja de funcionar o sus tres ordenadores envían instrucciones diferentes, activa el frenado automático de los trenes. Lo que ocurre después de esa detención está en el centro del debate sobre los protocolos.

Adif, la Agencia de Seguridad Ferroviaria y las operadoras Renfe, Iryo y Ouigo trabajan en una adaptación de las normas para establecer una pauta única ante una caída del LZB. La medida en preparación contempla circular por debajo de 40 kilómetros por hora cuando esa protección no esté operativa.

Antes de la intervención parlamentaria de Puente se espera que el Consejo de Ministros aborde medidas urgentes para reforzar la seguridad en la línea Madrid-Sevilla. Esa previsión acompaña a la discusión sobre la continuidad del presidente de Adif, mientras siguen pendientes las explicaciones sobre el accidente.

La tensión dentro del gestor ferroviario también afecta a su trabajo diario. Un alto directivo describe una organización sometida a una presión extrema para encontrar respuestas sobre Urda y, al mismo tiempo, mantener en funcionamiento tanto la red de alta velocidad como la convencional.

Marco de la Peña llegó a la presidencia de Adif el 17 de septiembre de 2024, en sustitución de Ángel Contreras. Ingeniero de Caminos nacido en Santander y de 57 años, asumió el cargo en plena controversia por el caso Koldo, con una trayectoria que combinaba construcción, ferrocarril y gestión pública.

Su experiencia profesional comenzó en empresas de construcción e ingeniería. Trabajó en Ferrovial entre 1994 y 1999 y después ocupó puestos de responsabilidad en Amenabar, Exbasa, Balzola y otras compañías. En 2009 pasó a dirigir Euskal Trenbide Sarea, el gestor de infraestructuras ferroviarias vasco.

Desde 2020 hasta su incorporación a Adif había desempeñado responsabilidades de Infraestructuras y Transportes en el Gobierno Vasco. Su ámbito de trabajo incluía la red ferroviaria vasca y otras entidades de transporte, un recorrido técnico y político que precedió a su nombramiento al frente del gestor estatal.

El presidente de Adif ya había resistido la crisis del accidente de Adamuz, ocurrido el 18 de enero y con un balance de 46 muertos. En aquella investigación se examina la posible rotura de un carril o de su soldadura, una infraestructura sometida a la vigilancia del gestor ferroviario y de sus contratas.

El 27 de abril, durante una comparecencia en el Senado, Marco de la Peña defendió su permanencia y rechazó dimitir. Vinculó su continuidad al compromiso de esclarecer lo sucedido y evitar otra tragedia. Meses después, el accidente de Urda vuelve a situar su cargo bajo una presión creciente.

Pedro Sánchez ha descrito la desconfianza de los viajeros como una quiebra de la confianza en la alta velocidad. La comparecencia de Puente llega con esa herida abierta y con dos frentes pendientes: aclarar por qué fallaron las barreras de seguridad y concretar qué consecuencias tendrá la crisis en la dirección ferroviaria.

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