Madrid rechaza la vía ReViVa para el regreso de Maricarmen y ofrece mediación

Dos días después del desahucio de Maricarmen Abascal, el futuro de la vivienda donde había vivido durante décadas vuelve a quedar suspendido sobre una mesa de negociación. La propuesta de recuperar el piso a través del programa municipal ReViVa ha sido descartada, aunque el Ayuntamiento de Madrid ha abierto otra puerta: mediar entre la propietaria y quienes representan a la mujer de 87 años.
La empresa Urbagestión había planteado que la vivienda de la calle Alcalde Sainz de Baranda entrara en ReViVa para permitir que Maricarmen regresara con un alquiler estable y asequible. La oferta llegó después del lanzamiento judicial que la obligó a abandonar su casa en el barrio del Retiro, un episodio que convirtió su situación en uno de los símbolos recientes de la crisis de vivienda en Madrid.
La respuesta municipal fue negativa para esa fórmula concreta. La Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo considera que la operación no encaja en los requisitos del programa ni en otras vías de compra de vivienda. No se trata, por tanto, de una adquisición inmediata del inmueble, sino de un cierre técnico que deja la solución pendiente de otro acuerdo posible.
ReViVa está diseñado para movilizar viviendas vacías y ponerlas en el mercado del alquiler con condiciones determinadas. El piso de Maricarmen no encaja en ese esquema por las circunstancias de su propiedad y por las reglas que ordenan el acceso al programa. Esa incompatibilidad ha deshecho, al menos por ahora, la expectativa de un regreso rápido mediante la intervención directa del consistorio.
La alternativa ofrecida es el Servicio de Intermediación del Alquiler. La propuesta sitúa a los profesionales municipales entre la propiedad y la parte afectada para intentar construir un acuerdo que no ha existido hasta ahora. La mediación no garantiza que Maricarmen vuelva a la vivienda, pero crea un canal formal para discutir las condiciones de un posible alquiler y otras salidas habitacionales.
Los representantes de Maricarmen aceptaron participar en una reunión prevista para el lunes 28 de septiembre a las 16.00 horas con los propietarios de la vivienda y con mediadores municipales. La cita concentra la siguiente fase de un conflicto que se ha prolongado durante años y que, tras el desahucio, ya no se debate solo en los tribunales ni a las puertas del edificio.
El desalojo se ejecutó el 23 de septiembre, después de varios aplazamientos y de una intensa movilización vecinal. Maricarmen, de 87 años, había permanecido en esa casa durante cerca de siete décadas. El desarraigo y la falta de una alternativa que preservara su vida en el barrio explican la dimensión humana que ha adquirido el caso más allá del expediente judicial.
Urbagestión sostiene que no es propietaria de todo el edificio y que compró únicamente la vivienda ocupada por Maricarmen. También afirma que el inmueble no está en venta y que está dispuesta a estudiar una solución con la administración. La empresa defiende que su propuesta buscaba activar una salida urgente, aunque el mecanismo elegido ha quedado invalidado por el Ayuntamiento.
La posición de quienes acompañan a Maricarmen es distinta: reclaman que la mujer pueda regresar a su casa y cuestionan que la oferta aparezca después de que el lanzamiento ya se hubiera consumado. El contraste entre ambas versiones atraviesa el caso desde el principio, junto a las discusiones sobre el alquiler, las alternativas planteadas y la responsabilidad de las instituciones públicas.
La negativa a usar ReViVa no cancela la negociación, pero sí acota sus márgenes. Cualquier salida deberá sostenerse fuera de ese programa y dependerá de que propiedad, representantes de Maricarmen y mediación municipal encuentren un terreno común. Por el momento, no hay un acuerdo anunciado ni una fecha para un posible retorno a la vivienda de Retiro.
El Servicio de Intermediación del Alquiler puede ayudar a ordenar contratos, garantías y condiciones económicas entre las partes. En este caso, su papel será especialmente delicado porque llega cuando el conflicto ya ha dejado a Maricarmen fuera de su hogar y porque la confianza entre los actores implicados está deteriorada. La reunión del lunes medirá si esa herramienta puede romper el bloqueo.
La situación también reabre el debate sobre qué ocurre después de un desahucio cuando la persona afectada es mayor y mantiene una vinculación tan profunda con su vivienda y su entorno. El problema no se limita a encontrar un techo: incluye la continuidad de los cuidados, las redes vecinales y la autonomía cotidiana. Esas consecuencias no desaparecen con una propuesta administrativa que no llega a materializarse.
Mientras se prepara ese encuentro, Maricarmen continúa fuera del piso del que fue desalojada. La posibilidad de volver depende ahora de una negociación que no tiene resultado asegurado y que nace bajo la presión de un caso ya expuesto públicamente. La mediación aparece como una salida abierta, pero todavía frágil, entre una empresa que defiende su posición y una mujer que perdió su casa.
La próxima reunión decidirá si el rechazo de ReViVa fue el final de una vía o el comienzo de otra. Madrid ha descartado comprar o incorporar el piso por el cauce planteado, pero no ha cerrado la puerta a intervenir como mediador. Para Maricarmen, esa diferencia puede parecer administrativa; en la práctica, marca la distancia entre seguir lejos de su hogar o recuperar una opción que hoy sigue sin garantías.






