Abascal escenifica en Ceuta su rechazo al Gobierno junto a Jordan Bardella

Santiago Abascal eligió Ceuta para pasar el 12 de octubre y dejó vacía su plaza en el desfile militar de Madrid. La decisión convirtió una fecha institucional en una escena de confrontación política, con la ciudad autónoma como telón de fondo y la frontera como eje de su discurso.
El líder de Vox llegó acompañado por Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional y figura de referencia de la derecha nacionalista francesa. La presencia del dirigente francés dio al acto una dimensión europea y reforzó la imagen de alianza que ambos quisieron proyectar desde Ceuta.
Abascal justificó su ausencia de los actos centrales de la Fiesta Nacional por su rechazo a compartir tribuna con Pedro Sánchez. Presentó su desplazamiento como una elección deliberada y sostuvo que, en esa jornada, su obligación política estaba en la ciudad autónoma.
Durante su intervención, cargó contra el Ejecutivo por la gestión de la situación migratoria y por la respuesta desplegada tras las entradas masivas registradas a finales de julio. Sus afirmaciones se formularon como acusaciones políticas y no como una descripción neutral de los hechos en la frontera.
El dirigente de Vox volvió a emplear el término invasión para definir lo ocurrido en Ceuta y vinculó ese diagnóstico con la seguridad de la población. También sostuvo que la ciudad vive una situación anómala, una caracterización que forma parte de la posición pública de su partido.
Una de sus principales reclamaciones fue la militarización y el refuerzo estructural de la frontera. Abascal defendió que el Estado debe aumentar los recursos humanos y materiales destinados al control del perímetro, con el objetivo de impedir nuevas entradas irregulares.
El discurso incluyó además propuestas de repatriación para quienes entren de forma irregular y de deportación para quienes cometan delitos. También recuperó la idea de la remigración, planteada por Vox para personas que, en sus palabras, reciben ayudas sin trabajar ni contribuir.
La comparecencia se produjo después de actuaciones de desalojo en distintos puntos de la costa ceutí. Abascal afirmó que esas operaciones no resolvían el problema, sino que habían dispersado a las personas afectadas por otras zonas de la ciudad, una valoración que lanzó ante los asistentes.
Bardella respaldó el mensaje central de la visita y presentó su presencia como una defensa compartida de la soberanía y la seguridad. Abascal, por su parte, utilizó el encuentro para reivindicar la cooperación de las formaciones nacionalistas dentro de Europa.
La imagen de ambos dirigentes juntos añadió peso político a una visita diseñada para apartarse de la celebración oficial de Madrid. La ausencia de Abascal no fue silenciosa: se convirtió en una puesta en escena calculada, con un mensaje dirigido tanto al Gobierno como a su propio electorado.
El acto también coincidió con la expectativa por la próxima visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Abascal celebró ese viaje, aunque afirmó que le habría gustado que se produjera antes, introduciendo otra crítica sobre la atención institucional recibida por las dos ciudades autónomas.
Ceuta vuelve así a ocupar un lugar central en el debate político nacional, entre la presión fronteriza, las operaciones de seguridad y la disputa por el relato. La ciudad fue presentada por Vox como símbolo de una política que considera fallida y que promete revertir.
La intervención reunió argumentos sobre identidad nacional, control migratorio y seguridad en un mismo bloque. No hubo anuncio de una medida inmediata, pero sí una reiteración de las líneas que Vox pretende llevar al centro de la conversación pública en plena precampaña.
La jornada terminó con una fotografía de alianzas y reproches: Abascal y Bardella en Ceuta, lejos del desfile de Madrid. La elección del escenario fue parte del mensaje, porque la frontera dejó de ser solo un lugar físico para convertirse en el corazón de su ofensiva política.






