El homicidio de Ana Eva Guasch prescribe 25 años después: la búsqueda de su cuerpo continúa

Casi veinticinco años después de que Ana Eva Guasch Melis desapareciera de su piso de Palma, el tiempo ha cerrado la vía penal del presunto homicidio. La joven tenía 27 años cuando se perdió su rastro y su cuerpo nunca ha sido localizado.
La noticia no resuelve el misterio que acompaña a su familia desde octubre de 2001. La prescripción impide que el principal sospechoso de la investigación sea condenado por aquellos hechos, aunque jamás llegó a reunirse prueba suficiente para llevarlo a juicio.
Ana Eva era profesora en el colegio Santa Mónica y también daba clases de español a extranjeros. La madrugada del 21 de octubre regresó a la vivienda que alquilaba en la calle Aragón tras salir con amigos por la víspera del Día de les Verges.
El lunes no acudió a trabajar y la alarma se extendió entre sus familiares y amistades. Su coche seguía estacionado cerca de casa, pero ella no estaba. En el piso no había señales de una entrada forzada, un detalle que marcó las primeras hipótesis.
Con el paso de las horas aparecieron ausencias difíciles de explicar: faltaban una colcha, una lámpara de la mesilla y un ordenador portátil. Las persianas estaban bajadas, había ropa en la lavadora y varios objetos no estaban donde solían estar en aquella casa.
La investigación inicial no trató de inmediato el caso como una desaparición forzada. Mientras se consideraba que Ana Eva podía haberse marchado voluntariamente, se perdió un margen decisivo y algunas grabaciones de cámaras próximas ya habían sido borradas cuando se intentó recuperarlas.
La figura de un argentino conocido como Ro adquirió peso durante las pesquisas. Había iniciado una relación con Ana Eva que pocas personas de su entorno conocían y un vecino aseguró haberlo visto cerca del edificio aquella noche, aunque después no pudo volver a declarar.
Ro fue interrogado y detenido en distintas ocasiones, pero no se encontraron pruebas concluyentes para acusarlo formalmente. Durante una inspección apareció un fragmento de tarjeta que llamó la atención de los investigadores y que alimentó las dudas sobre lo ocurrido en el piso.
Los seguimientos también condujeron a una finca entre Santanyí y Felanitx, donde se autorizó un registro sin resultados. Los agentes no hallaron indicios del paradero de Ana Eva, pese a que se exploraron distintos puntos y se revisaron posibles lugares de ocultación.
El juez José Castro, instructor del caso, ha admitido que hubo actuaciones tardías y ha pedido perdón a la familia. Antes de jubilarse repasó personalmente los tomos del procedimiento en busca de una pista pendiente, pero no encontró una salida capaz de reabrir el camino.
En sus declaraciones, Castro ha recordado que llegó a plantear una rebaja penal si eso permitía localizar el cadáver. La posibilidad no prosperó y el calendario terminó imponiéndose sobre una causa atravesada por pruebas perdidas, sospechas sin confirmar y años de silencio.
La prescripción no equivale a una respuesta para quienes siguen esperando. La desaparición de Ana Eva permanece sin esclarecer y la investigación conserva una herida central: saber qué ocurrió aquella madrugada y dónde pudo terminar el cuerpo de la profesora.
La alerta para recabar información sobre el paradero de Ana Eva sigue activa. El llamamiento cobra otro sentido ahora que la responsabilidad penal por el presunto homicidio ya no puede derivar en una condena contra quien pudiera aportar datos decisivos.
El caso llega a este aniversario con una certeza dolorosa: la justicia penal ya no puede ofrecer una condena por aquellos hechos. Pero encontrar a Ana Eva continúa siendo una necesidad humana para su familia y para una ciudad que aún conserva preguntas sin respuesta.






