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Urda: Puente niega falta de personal y defiende la intervención humana si falla el sistema

En la sala de control había 16 operadores cuando se produjo el accidente ferroviario de Urda, en Toledo. Óscar Puente ha defendido este viernes 30 de octubre que el centro de Atocha trabajaba con normalidad y ha rechazado que la falta de personal explique lo ocurrido.

La colisión del miércoles entre un AVE y un Iryo en la línea Madrid-Sevilla ha dejado bajo examen las decisiones tomadas desde ese centro. El ministro de Transportes sostiene que los indicios apuntan a un fallo en el control, pero admite que la investigación debe aclarar su naturaleza.

Puente ha situado en el centro del debate una pregunta que sigue abierta: si falló una persona, los controles o la organización del trabajo. Su explicación obliga a examinar la cadena de decisiones y los mecanismos de supervisión, sin que exista todavía una conclusión definitiva sobre las causas.

Para defender la dotación de Atocha, el ministro ha comparado su plantilla actual con la de 2012. Ha señalado que entonces trabajaban allí 70 personas y que ahora son 133. Esas cifras corresponden al conjunto del centro; en la sala, en el momento del siniestro, había 16 operadores.

Los trabajadores llevaban dos horas de turno, ha añadido Puente al responder sobre el ritmo y la carga de trabajo. El ministro ha utilizado ese dato para describir las condiciones en que se operaba, mientras mantiene que habrá que revisar también la formación y los procedimientos.

El otro eje de su defensa es el papel de las personas cuando cae la protección tecnológica. Puente considera que el ser humano debe intervenir como último recurso en el ferrocarril, como ocurre en el transporte marítimo o aéreo, siguiendo unas pautas previamente establecidas.

Esa intervención, ha insistido, cuenta con pantallas e información sobre la posición de los trenes. En su reconstrucción, la caída del LZB no dejó al centro sin referencias: los circuitos ocupados seguían apareciendo en rojo y permitían observar cómo avanzaba un convoy hacia el otro.

El ministro ha explicado que el AVE iba ocupando sucesivos sectores mientras el Iryo permanecía detenido más adelante. Ha sostenido que esa aproximación podía verse desde el centro de control, una circunstancia que sitúa la vigilancia de la circulación entre las preguntas esenciales de la investigación.

Puente ha cifrado en 17 minutos el intervalo disponible desde que el Iryo comunicó que no podía arrancar hasta el impacto. Ha afirmado que hubo tiempo suficiente para actuar y que no se hizo, aunque todavía corresponde esclarecer por qué esa información no provocó una respuesta eficaz.

La secuencia que ha descrito parte de la caída del LZB y de la detención de los trenes. A partir de ahí, la circulación quedó sometida a otros procedimientos de seguridad y a las decisiones del centro de control, al que correspondía gestionar la reanudación de la marcha.

Entre las garantías que ha recordado figuran no autorizar el avance por un tramo ocupado y recurrir a la marcha a la vista, que permite detenerse ante un obstáculo. Sin embargo, ha explicado que al AVE se le permitió continuar a marcha normal mientras el Iryo seguía delante.

La formación del personal también forma parte del examen pendiente. Puente ha afirmado que el controlador contaba con la preparación exigida, tenía dos años de experiencia en centros de control y ocupaba ese sector desde febrero. Aun así, ha planteado revisar si los protocolos eran suficientemente claros.

El ministro ha incluido entre las posibles mejoras los sistemas de verificación de las decisiones, además de la formación y la situación de la plantilla. Ha defendido la dotación del servicio, pero ha reconocido que es posible reforzarla y que la investigación debe abarcar más que una actuación individual.

Puente ha condicionado las medidas sobre controles, organización y responsabilidades personales a lo que se demuestre. Su defensa de la plantilla y de la intervención humana deja una cuestión decisiva sin resolver: por qué la información disponible sobre un tren detenido no consiguió evitar el choque.

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