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Ágata relata los abusos de su padre: la infancia que vuelve 55 años después

Ágata ha contado este 4 de noviembre una historia que sitúa el peligro dentro de su propia familia. Relata abusos sexuales de su padre durante la primera infancia y explica que ha recuperado esos recuerdos 55 años después.

En su testimonio, sitúa el comienzo de los abusos en su nacimiento y los prolonga hasta los siete años. Es la cronología que ella expresa al reconstruir una etapa de su vida atravesada por recuerdos que ahora puede contar.

El nacimiento de su hermana marca un cambio en el relato. Ágata explica que aumentó la presencia de otras personas en casa y que las agresiones pasaron a producirse durante los fines de semana, en la vivienda de un amigo de su padre.

Allí, sostiene, había otros niños y las agresiones se cometían en grupo. Su relato describe así un segundo escenario, fuera del hogar familiar, en el que tampoco encontraba protección frente a los adultos que debían cuidarla.

Después aparecen los vacíos. Ágata dice que no recuerda lo que ocurrió más adelante y describe cómo había transformado mentalmente la imagen de su padre. Habla de haberle puesto una máscara al monstruo para poder seguir viviendo.

Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda de la Fundación ANAR, plantea que esos vacíos pueden relacionarse con el estrés postraumático. Su explicación acompaña el testimonio de Ágata y aborda el daño de sufrir maltrato diario.

El mismo día se ha presentado un estudio de ANAR sobre violencia dentro de la familia. Analiza 27.138 casos de niños y adolescentes atendidos entre junio de 2020 y junio de 2025: situaciones detectadas por sus líneas de ayuda, no un censo de todas las víctimas en España.

Los casos atendidos crecieron un 75,2 % entre el primer y el último periodo anual analizado. Para ayudar a esos menores se gestionaron 373.926 peticiones por teléfono, correo electrónico y chat, una cifra distinta del número de niños afectados.

En el 64,4 % de los casos la violencia ocurría a diario; en el 77,6 %, llevaba más de un año repitiéndose. El 83,3 % de las situaciones tenía gravedad alta. Para muchos de estos niños, regresar a casa significaba volver al lugar donde sufrían.

El padre figura como agresor en el 48,5 % de los casos analizados; la madre, en el 28,6 %, y ambos progenitores, en el 12,2 %. En las agresiones sexuales predominan las figuras masculinas de la familia, entre ellas padres, padrastros, hermanos, tíos y abuelos.

Las agresiones sexuales representan el 10,5 % de las situaciones estudiadas y sus casos atendidos aumentaron un 116,6 % en cinco años. El maltrato físico y el psicológico reúnen el 64,3 % del total. Son formas de violencia que también pueden coincidir sobre una misma víctima.

El daño alcanza la salud mental y la vida escolar. El 73,4 % de las víctimas tenía un rendimiento académico medio o bajo y cada menor acumulaba una media de 4,8 problemas. Al contactar con ANAR, solo el 26,3 % había recibido tratamiento psicológico externo.

Entre las respuestas reclamadas están una atención psicológica especializada y rápida, más apoyo a las familias y profesionales capaces de detectar antes la violencia. Diana Díaz insiste en el papel de otros adultos para identificar a quienes viven con miedo y ponerlos a salvo.

Ágata habla hoy desde una distancia de 55 años respecto a los recuerdos que describe. A su testimonio se suma una petición concreta de Benjamín Ballesteros, director de Programas de ANAR: garantizar tratamiento gratuito y con la frecuencia adecuada a los menores que sufren violencia.

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