La caja negra del Iryo de Urda revela varios intentos de contactar con Atocha antes del choque

Antes del golpe hubo varios intentos de pedir respuesta. Los datos conocidos de la caja negra del Iryo accidentado en Urda, Toledo, sitúan entre tres y cuatro las ocasiones en que su maquinista trató de contactar con el centro de control de Atocha sin conseguirlo inicialmente.
El registro permite reconstruir los minutos en que el convoy quedó inmovilizado antes de ser alcanzado por un AVE de Renfe. La novedad se centra en esas comunicaciones y en la secuencia de la avería, los intentos de reinicio y la colisión.
El Iryo 6076 había salido de Madrid-Puerta de Atocha a las 7:54 con 147 pasajeros. Seis minutos después partió el AVE 2080, con 397 viajeros y destino a Sevilla. Ambos servicios quedaron afectados por una incidencia en la señalización.
A las 8:31 se produjo una caída del sistema LZB en un tramo de 63 kilómetros. Varios trenes se detuvieron automáticamente. La avería abrió una secuencia de instrucciones para recuperar la circulación mientras los convoyes permanecían en la línea.
Cinco minutos después de la incidencia, el centro de control autorizó al AVE a continuar. El Iryo también recibió instrucciones para reanudar la marcha, pero no logró hacerlo y siguió detenido ante una señal de entrada de Urda.
La caja negra sitúa la detención del Iryo a las 8:38. La maquinista intentó comunicar la pérdida de transmisión y acabó estableciendo contacto con Atocha. Allí le confirmaron la incidencia del LZB y le indicaron que reiniciara los equipos.
La orden de desconectar y volver a conectar el sistema llegó mediante una comunicación oficial. La conductora realizó dos intentos sin recuperar el funcionamiento necesario para seguir. El tren permaneció parado mientras las pruebas fracasaban.
A las 8:50, la maquinista comunicó que las pruebas funcionales seguían sin superarse. Se solicitó ayuda al departamento de Mantenimiento de Iryo. La asistencia técnica comenzó cuando apenas quedaban dos minutos para el impacto.
El registrador fija la colisión a las 8:53:12. El AVE alcanzó por detrás al Iryo inmovilizado. Las primeras estimaciones sitúan la velocidad del tren de Renfe entre 160 y 200 kilómetros por hora; esa horquilla forma parte de la reconstrucción del siniestro.
El Iryo pasó de estar detenido a alcanzar 47 kilómetros por hora en apenas tres segundos por la fuerza del choque. La caja negra conserva ese desplazamiento súbito y marca su detención definitiva a las 8:53:21, nueve segundos después del alcance.
La sacudida desestabilizó el convoy y varios coches descarrilaron. El coche 3 llegó a volcar. Los datos de movimiento permiten medir lo ocurrido en la vía, mientras el estado de los vagones muestra las consecuencias materiales de aquella colisión.
Tras el impacto, la maquinista avisó al centro de operaciones de que había recibido un golpe por la parte trasera y de que ella se encontraba bien. También comunicó que no conseguía localizar al jefe de tripulantes, con quien siguió intentando hablar.
Los nuevos registros añaden detalle a una investigación que debe aclarar la cadena de comunicaciones y decisiones. Que los primeros intentos de contacto no obtuvieran respuesta es un dato de esa secuencia; por sí solo no establece la causa del choque ni una responsabilidad.
Iryo sostiene que el material del servicio 6076 había pasado una revisión integral el 26 de octubre en el taller madrileño de Santa Catalina, incluidos los sistemas de señalización. Esa inspección y los registros de la caja negra aportan elementos distintos para esclarecer cómo un tren detenido terminó alcanzado por otro.






