Amaia entrega a Pedro Sánchez el cartel del ‘Decreto Maricarmen’ y eleva la presión por la vivienda

La escena duró apenas unos instantes, pero concentró una crisis que lleva años creciendo. Amaia subió al escenario de los Premios Vanguardia en Barcelona para recoger el reconocimiento al Talento Joven y, frente a Pedro Sánchez, le entregó un cartel con dos palabras: ‘Decreto Maricarmen’.
El presidente recibió la pancarta y ambos posaron ante las cámaras. El gesto, sencillo y calculado, trasladó al acto una demanda nacida en la calle: que las medidas urgentes sobre vivienda no queden atrapadas otra vez entre negociaciones, promesas y cálculos parlamentarios.
El nombre del cartel remite a Maricarmen, una mujer de 87 años desalojada de la vivienda madrileña en la que había residido durante siete décadas. Su caso se convirtió en pocos días en el símbolo de una angustia extendida entre inquilinos que no pueden asumir nuevas rentas.
La artista recibió el galardón en el Palau de Congressos de Catalunya, con el presidente del Gobierno, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, presentes en el escenario. Su mensaje no necesitó discurso: el cartel quedó expuesto ante todos.
La entrega se produjo en vísperas de la reunión del Consejo de Ministros prevista para abordar un real decreto ley de vivienda. Sánchez pidió a las fuerzas políticas un último esfuerzo para sacar adelante medidas con las que aliviar la emergencia habitacional que atraviesa el país.
Durante su intervención, el presidente vinculó ese objetivo con el desahucio de Maricarmen. Defendió que evitar que una persona mayor, tras una vida pagando alquiler, termine fuera de su casa es una cuestión de humanidad, además de una obligación política que no admite más demora.
Fuera del recinto, la tensión también se hacía visible. Una movilización por la vivienda llegó hasta las inmediaciones de la gala y reclamó límites más firmes al encarecimiento de los alquileres y protección para quienes afrontan procedimientos de desahucio en situación vulnerable.
La protesta conectó el brillo de una ceremonia institucional con una preocupación cotidiana: el miedo a perder el hogar. En ese contraste, el cartel de Amaia funcionó como una interrupción incómoda, recordando que detrás de cada decreto hay familias pendientes de una decisión concreta.
Collboni sostuvo durante el acto que la regulación de los alquileres puede contener precios y proteger el derecho a permanecer en la ciudad. También admitió que ese instrumento no basta por sí solo, porque la crisis exige ampliar las respuestas y garantizar más vivienda asequible.
La negociación llega después de que un intento anterior de aprobar medidas de vivienda no reuniera los apoyos necesarios. El Gobierno afirma haber incorporado propuestas de distintas formaciones, mientras los colectivos de inquilinos mantienen la presión para que el texto tenga efectos reales.
La vuelta de Maricarmen a su casa sigue formando parte del mismo conflicto. Sus representantes y la propiedad alcanzaron un acuerdo para su regreso, pendiente de la validación de la propia afectada, tras una reunión mediada por la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid.
Ese acuerdo no borra el impacto de su desahucio ni la discusión abierta sobre las garantías para los inquilinos. Por eso el lema no aludía solo a una persona: condensaba la exigencia de frenar expulsiones, estabilizar contratos y evitar que el alquiler se convierta en una amenaza constante.
Amaia no presentó un programa ni hizo una declaración extensa. Precisamente por eso su gesto encontró fuerza: en una ceremonia de premios, una pancarta colocó el caso de una octogenaria y la urgencia de la vivienda frente a quienes tienen capacidad para decidir el siguiente paso.
La imagen de la cantante y el presidente sosteniendo el cartel deja una pregunta suspendida sobre el escenario: si el ‘Decreto Maricarmen’ será solo el nombre de una protesta o el punto de partida de medidas capaces de cambiar la vida de quienes temen perder su casa.






